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viernes, 20 de diciembre de 2019

Malestar en el Constitucional por los escenarios que abre el fallo

El tribunal se considera incomprensiblemente “puenteado” 


La sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) sobre el ex vicepresidente catalán, Oriol Junqueras, ha caído como una pedrada en el Tribunal Constitucional, cuyos estantes siguen repletos de recursos relacionados con el desafío independentista. El pronunciamiento de la justicia europea ha sido el esperado en el Constitucional, que siempre consideró que la consulta realizada por el Tribunal Supremo a la corte de Luxemburgo era inadecuada e inútil, y que nunca debió plantearse.

El Constitucional se considera incomprensiblemente “puenteado” a resultas del planteamiento de dicha cuestión prejudicial. El motivo reside en que dicha consulta ha permitido la intervención de la justicia europea cuando el propio Constitucional tiene pendientes de resolución varios recursos de amparo relacionados con la prisión provisional de Junqueras, con los permisos que se le denegaron para asistir al Parlament y con las medidas cautelarísimas que planteó precisamente para que se le hubiera permitido acudir ante la Junta Electoral con el fin de cumplir los trámites precisos como eurodiputado electo.

El criterio dominante en el Constitucional es que dicha consulta prejudicial al juez europeo resultaba inadecuada porque iba a abrir un nuevo frente de confrontación política en torno a una cuestión sobre la que el propio Supremo pareció no tener dudas, ya que siguió adelante con la causa sobre el procés, sin paralizarla, cuando se celebraron las elecciones europeas del pasado mes de mayo. En el Constitucional se formula la pregunta de cuáles fueron los motivos para que la Sala Penal realizara la consulta en una pieza separada de la causa, sin detener el juicio a los líderes independentistas, si creía realmente que Junqueras podía gozar de la prerrogativa de la inmunidad.
En el Constitucional se cree que el motivo esencial por el que el Supremo presentó la cuestión prejudicial fue hacer frente con esta iniciativa a las críticas de que estaba actuando sin garantizar los derechos fundamentales de los acusados.
El alto tribunal, sin embargo, también estima que el resultado de dicha cuestión prejudicial planteada a Luxemburgo es inútil, porque el momento en que hubiera tenido que pedirse el suplicatorio contra el exvicepresident hubiera sido el del procesamiento, que ya se había dictado cuando Junqueras fue elegido en los comicios europeos. En eso hay un paralelismo con los puntos de vista sostenidos por la Fiscalía, que este jueves hizo público rápidamente un informe en el que subraya que Junqueras adquirió la condición de eurodiputado electo el 13 de junio, cuando la causa del procés estaba vista para sentencia —desde el día anterior— y que fue condenado en firme el 14 de octubre, de todo lo cual se desprende la conclusión de que ahora debería perder la condición de miembro del Parlamento Europeo.
El criterio de la mayoría del Constitucional —cuya última votación evidenció una fractura por nueve votos a tres— es que la sentencia del tribunal de la Unión puede tener más consecuencias y un mayor recorrido con respecto al expresident Carles Puigdemont, huido a Bélgica. El Constitucional estima que no cabe descartar que Puigdemont acceda a la Eurocámara, tome posesión como parlamentario y pueda viajar por toda Europa sin problemas, máxime cuando la justicia belga vuelva a denegar su entrega a España, como se cree que muy probablemente sucederá. Y más tras la sentencia de este jueves. Pero también se cree que Puigdemont no volverá a España, porque en ese caso sí se arriesga a ser detenido siguiendo las órdenes cursadas en este sentido por el Supremo, que luego pediría el suplicatorio para actuar contra él.

Prisión provisional

El acceso de Junqueras al Parlamento Europeo, en cambio, se descarta claramente en el Constitucional en las actuales circunstancias. Lo cual no significa que se vayan a rechazar de plano todos sus recursos de amparo. Sobre todo, teniendo en cuenta la posición de los tres magistrados que forman el núcleo duro de la minoría progresista —Juan Antonio Xiol, María Luisa Balaguer y Fernando Valdés Dal-Ré—, quienes han firmado esta misma semana un voto particular en el que estiman que el exvicepresidente Junqueras no debió permanecer casi dos años en prisión provisional. Esa medida se pudo sustituir por otros controles, según los citados votos particulares.
Fuente del texto: elpais

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miércoles, 13 de noviembre de 2019

Tensión en la frontera de Francia por el bloque de CDR y Tsunami Democrátic

Los antidisturbios de la Policía francesa empiezan a desalojar a los manifestantes independentistas con gas pimienta 



Los Mossos comienzan a desalojar la AP7 y los manifestantes responden con piedras

Los Mossos d’Esquadra han comenzado a desalojar a los manifestantes que habían decidido quedarse en la AP7. El operativo policial ha avanzado y los manifestantes han respondido tirándoles piedras.

Tsunami Democràtic se felicita por el "éxito absoluto" de los cortes de autopistas

Tsunami Democràtic da por alcanzados los objetivos de las protestas por el fallo del 1-O convocadas desde el lunes con manifestaciones en autopistas fronterizas con Francia, como la AP-7 en Girona y la AP-8 en Irún, y se ha felicitado por el "éxito absoluto" conseguido.

En un comunicado difundido por sus canales de Telegram y Twitter, afirma: "Un gran aprendizaje para que la próxima acción sea más eficaz y más exitosa".
"Damos el objetivo por alcanzado en la AP-7 para cerrar la movilización prevista estos tres días", dice, y asegura que se pone a preparar las nuevas acciones con la fuerza de la gente.
[+ Información - elplural

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sábado, 19 de octubre de 2019

La violencia callejera se intensifica en Barcelona y se ceba con la policía en otra noche de caos

Los Mossos confirman que se han lanzado bolas de acero y piedras contra la línea policial de la Jefatura Superior de Cataluña 

  

Barcelona vivió el viernes su quinta noche consecutiva de disturbios. Los altercados de la jornada fueron especialmente virulentos por su duración, su intensidad y la dosis de violencia que emplearon los manifestantes. Más allá del rechazo a la sentencia emitida por el Tribunal Supremo contra los líderes del procés, los jóvenes pusieron en el centro de la diana a los policías.

Miles de jóvenes se enfrentaron con gran violencia y durante horas a la policía. Los violentos cercaron la sede central de la Policía Nacional, donde arrojaron objetos, levantaron barricadas e incendiaron contenedores. Al anochecer, la protesta se trasladó al centro, donde los Mossos emplearon una tanqueta con cañón de agua. Al menos tres policías resultaron heridos.


Una multitud reivindicó este viernes en Barcelona su firme rechazo a la sentencia del Tribunal Supremo contra los líderes del proceso independentista catalán. Lo hicieron con una masiva concentración, en paralelo a una huelga general que colapsó los accesos a la ciudad durante casi todo el día. Esta manifestación multitudinaria transcurrió pacíficamente.

Pero la violencia acabó, de nuevo, empañando otra jornada en Barcelona. Grupos de jóvenes ajenos a la convocatoria de las entidades secesionistas volvieron a protagonizar una batalla campal contra la Policía Nacional y los Mossos con barricadas a menos de un kilómetro de la marcha principal.

El lunes, con la sentencia recién publicada, el escenario escogido fue el aeropuerto de El Prat: una acción espectacular para llamar la atención del mundo. Hubo enfrentamientos y los Mossos y la Policía Nacional respondieron con contundencia. El martes lo fueron las delegaciones del Gobierno en Cataluña, símbolo del poder del Estado “opresor”. 

El miércoles y el jueves, los disturbios —organizados y liderados por grupos de independentistas revolucionarios y anarquistas y secundados por estudiantes — se extendieron sin control por todo el centro de Barcelona. Adoptaron ya entonces un cariz antipolicial: la protesta por el fallo del Tribunal Supremo se transformó en una revuelta contra las fuerzas de seguridad, fuese cual fuese el color del uniforme.

Este viernes esa animadversión llegó a su punto álgido con la quinta jornada consecutiva de incidentes. Durante siete horas, miles de jóvenes cercaron la Jefatura Superior del Cuerpo Nacional de Policía. Por la noche, los incidentes se extendieron por el corazón de Barcelona.

Los disturbios han dejado un reguero de heridos (77 en Cataluña, 52 de ellos en Barcelona), detenidos (17, cuatro de ellos en Barcelona) y destrozos. Al menos tres agentes, además, resultaron heridos al ser alcanzados por el impacto de objetos.


Un nutrido grupo de jóvenes permaneció ajeno a la convocatoria pacífica que congregó en Barcelona a cientos de miles de personas llegadas de toda Cataluña. Tras una manifestación de estudiantes contra la sentencia y la “represión” policial, miles de ellos se plantaron frente al número 43 de la vía Laietana.

Allí está la principal sede en Cataluña de la Policía Nacional, responsable de las cargas policiales del 1 de octubre de 2017 contra los votantes del referéndum. Unos 50 mandos y agentes del cuerpo permanecen investigados por supuestas malas prácticas. Aquella actuación acrecentó la animadversión del independentismo hacia la Policía Nacional.

Mientras esto ocurría, el presidente de la Generalitat, Quim Torra, volvió a guardar un clamoroso silencio. Aunque optó por no participar en las marchas independentistas y mantener largas reuniones con sus colaboradores, la oposición al completo reclamó su dimisión.

Asediado por tierra, mar y aire, Torra tiene a su Gobierno pendiendo de un hilo por las incoherencias internas. "¿Dónde está el president? Todo esto es inaceptable y tiene que dimitir", dijo el líder del PSC, Miquel Iceta. Sí compareció a las 21.30 el consejero de Interior, Miquel Buch, que atribuyó los actos de "violencia extrema" a "grupos organizados" y pidió a los ciudadanos que los "aislaran".

Siete horas de cerco

Los incidentes comenzaron pasado el mediodía del viernes. Los manifestantes lanzaron petardos, botellas y pintura a los policías y a los furgones que, protegidos detrás de unas vallas, custodiaban el edificio.

Tras una pequeña carga, hubo una breve tregua que coincidió con la hora de comer. Poco antes de las cuatro de la tarde, sin embargo, un grupo aún más numeroso de manifestantes tomó posiciones en la parte alta de la calle. Algunos de ellos, los de primera fila, se sentaron en el suelo.

Los antidisturbios de la Policía Nacional también tomaron posiciones y se pertrecharon fuera del edificio. Ambos bandos permanecieron encarados largo rato. Los agentes dedicaron su esfuerzo a ganar metros para evitar un asalto a las dependencias policiales. Se reprodujo el lanzamiento de objetos contra la línea policial.

La tensión creció. Los jóvenes acudieron preparados para el combate: la mayoría de ellos iban encapuchados, se habían tapado la boca con un pañuelo e incluso lucían cascos de moto y gafas de protección. Algunos llevaban escudos caseros con el dibujo de un ave fénix, símbolo de las corrientes más identitarias del independentismo.

Sobre las seis de la tarde, mientras el gran acto independentista se celebraba en el paseo de Gràcia —a unos cientos de metros—, comenzó una batalla campal y se registraron los incidentes más graves. Los manifestantes emplearon objetos contundentes, como bolas de acero. También quemaron contenedores, levantaron barricadas y cortaron señales de tráfico.

Como en las últimas jornadas, el fuego hizo acto de presencia con contenedores quemados y hogueras encendidas. Uno de esos objetos alcanzó a un policía, que quedó temporalmente inconsciente y tuvo que ser apartado en volandas por sus compañeros. Los agentes cargaron con fuerza. Uno de los heridos lo fue por contusión ocular.

El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, informó de que en lo que va de semana ha habido 207 agentes heridos, 128 violentos detenidos, 800 contenedores quemados y 100 vehículos policiales dañados.

Los policías lograron empujar a los jóvenes, alrededor de las ocho de la tarde, hacia la plaza de Urquinaona, que se convirtió en un nuevo escenario de enfrentamientos. Los manifestantes levantaron barricadas con material de obra, contenedores y maceteros y reprodujeron el lanzamiento de piedras, latas y botellas. Sobre las 20.30, los Mossos d’Esquadra se incorporaron para proteger esa zona. 

La Policía Nacional intentó dispersar a los manifestantes usando pelotas de goma, botes de humo y gases lacrimógenos. No fue suficiente. Los Mossos emplearon, por primera vez estos días, una tanqueta: primero, para retirar escombros de la calzada y, más tarde, para disparar agua y dispersar a los manifestantes. 

Algunos se escondieron en un hotel en obras. Poco antes de la medianoche, la gran concentración se había disuelto, pero grupos dispersos de jóvenes seguían provocando altercados en el centro, en el juego del gato y el ratón de cada noche.

"ASÍ NO": INDEPENDENTISTAS INCREPAN A LOS VIOLENTOS EN LLEIDA

Aunque los disturbios más violentos se concentraron en Barcelona, los incidentes se reprodujeron una noche más en distintas ciudades catalanas. En Lleida, los independentistas más radicales elevaron la tensión con nuevos lanzamientos de objetos contra la policía. Otro grupo de manifestantes, sin embargo, terció para evitar incidentes y se interpuso entre los radicales y la policía. “Así no” y “no queremos encapuchados”, gritaron mientras permanecían sentados frente a los violentos.

La barrera pacifista no impidió, sin embargo, que se produjeran enfrentamientos al anochecer. Los Mossos d’Esquadra respondieron con el lanzamiento de proyectiles de foam frente las piedras y botellas que arrojaron los manifestantes.

Con información de Alfonso L. Congostrina y Rebeca Carranco. elpais.

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martes, 15 de octubre de 2019

El Corpus de Sangre: estalla la revuelta de los Segadors



Tal día como hoy del año 1640, hace 377 años, en Barcelona se producía un motín de grandes proporciones que significaría el inicio de la revuelta de los Segadors (1640-1652) ABC y que conduciría, inicialmente, a la proclamación de la primera República catalana presidida por Pau Claris (1641) y, posteriormente, a la coronación de Luis XIII de Francia como conde independiente de Barcelona.

La revolución de los Segadors que inicialmente tenía un carácter estrictamente social, de cariz anti-señorial, rápidamente derivó hacia un movimiento nacional anti-castellano, por la estrecha relación política y económica entre la aristocracia catalana y el aparato de dominio hispánico en el Principat.

En 1635, cinco años antes, el conde-duque de Olivares –privado del rey hispánico y ministro plenipotenciario de su gobierno–, con el pretexto de la guerra entre España y Francia y con la excusa de acabar con la lacra del bandolerismo, había acuartelado los Tercios de Castilla en el Principat. La relación entre los soldados y la población civil –obligada a alojarlos– era más que tensa.


Los militares castellanos sometieron la población catalana a una oleada brutal de robos, saqueos, incendios, violaciones y asesinatos que quedaron impunes. La sociedad estaba encendida porque la ocupación militar hispánica coincidía con una fuerte crisis económica provocada, en buena parte, por la guerra franco-española.

Queralt y Olivares / Wikipedia

Pocas semanas antes del Corpus los militares castellanos habían incendiado Riudarenes y Santa Coloma de Farners por la negativa de la población a alojarlos. A partir del hecho se produjo una revuelta en el Empordà que rápidamente se extendió por todo el país.

El día de Corpus se produjo una batalla campal, en la calle Ample de Barcelona, entre los segadores y el pueblo de Barcelona, por un lado, y los funcionarios reales –civiles y militares– por el otro, que acabó con el saqueo de varias casas y palacios de la aristocracia colaboracionista.

El balance final sería de veinte muertos, entre ellos el virrey hispánico –Dalmau de Queralt–, que se precipitó por los acantilados de Montjuïc mientras huía despavorido abandonando a sus subordinados a su suerte.


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lunes, 14 de octubre de 2019

El Supremo condena a Junqueras a trece años de cárcel por sedición y malversación

Histórica sentencia del Alto Tribunal sobre el 'procés': penas de prisión de entre 9 y 13 años para los líderes.

Juicio procés 

Y llegó la histórica sentencia sobre el ‘procés’. El Tribunal Supremo ha fallado que no hubo rebelión y ha condenado a 13 años de cárcel -y a otros tantos de inhabilitación absoluta- al exvicepresidente catalán Oriol Junqueras por sedición y malversación, en tanto que once y medio a Carme Forcadell (exprsidenta del Parlament), 9 a los ‘Jordis’ (líderes de ANC y Ómnium) y diez y medio a Joaquim Forn (exconseller de Interior).

La sentencia también condena a 12 años de prisión y otros tantos de inhabilitación absoluta a los exconsellers Raül Romeva, Jordi Turull y Dolors Bassa, por sedición “en concurso medial con un delito de malversación de fondos públicos agravado en razón de su cuantía”.

También se fallan diez años y medio al exconseller Josep Rull. En cuanto a Santiago Vila, Meritxell Borràs y Carles Mundó -también miembros del Govern durante el 1-O-, son condenados cada uno de ellos como autores de un delito de desobediencia a las penas de 10 meses de multa, con una cuota diaria de 200 euros, y un 1 año y 8 meses de inhabilitación especial.


La sentencia absuelve a los acusados Joaquim Forn, Josep Rull, Santiago Vila,
Meritxell Borràs y Carles Mundó del delito de malversación.

CONDENADOS

Oriol Junqueras: 13 años de prisión y 13 de inhabilitación
Raül Romeva: 12 años de prisión y 12 de inhabilitación
Jordi Turull: 12 años de prisión y 12 de inhabilitación
Dolors Bassa: 12 años de prisión y 12 de inhabilitación
Carme Forcadell: 11 años y 6 meses de prisión y 11 años y seis meses de inhabilitación
Joaquim Forn: 10 años y 6 meses de prisión y 10 años y 6 meses de prisión
Josep Rull: 10 años y 6 meses de prisión y 10 años y 6 meses de inhabilitación
Jordi Sánchez: 9 años de prisión y 9 de inhabilitación
Jordi Cuixart: 9 años de prisión y 9 de inhabilitación
Santi Vila: Multa de diez meses con cuota diaria de 200 euros
Meritxell Borràs: Multa de diez meses con cuota diaria de 200 euros
Carles Mundó: Multa de diez meses con cuota diaria de 200 euros

La decisión ha sido adoptada por un tribunal presidido por el magistrado Manuel Marchena y del que han formado parte otros seis jueces (Andrés Martínez, Juan Ramón Berdugo, Luciano Varela, Antonio del Moral, Andrés Palomo y Ana María Ferrer).

De los condenado, se encuentran en prisión preventiva Junqueras, Turull, Romeva, Rull, Bassa, Forn, Sànchez, Cuixart y Forcadell.

La decisión final del Supremo se acerca más a la tesis de la Abogacía del Estado -que rebajó la acusación de rebelión a sedición- que a la de la Fiscalía. que pedía hasta 25 años para Oriol Junqueras, por ejemplo.

¿Por qué no hubo rebelión?

En la sentencia se evidencia que no hubo rebelión -el delito mayor que argumentaba la Fiscalía- y se entiende que incurrieron en el delito de sedición. Y lo explica así el Supremo: “La Sala da por probada la existencia de violencia. Pero no basta la constatación de indiscutibles episodios de violencia para proclamar que los hechos integran un delito de rebelión”.

El tribunal presidido por Marchena lo justifica así: “Resolver el juicio de tipicidad
respondiendo con un monosílabo a la pregunta de si hubo o no violencia,
supone incurrir en un reduccionismo analítico que esta Sala -por más que se
haya extendido ese discurso en otros ámbitos- no puede suscribir”.

“La violencia tiene que ser una violencia instrumental, funcional, preordenada de forma directa, sin pasos intermedios, a los fines que animan la acción de los rebeldes. Y es en este punto donde topamos -todavía en el ámbito del tipo objetivo- con otro obstáculo para la afirmación del juicio de tipicidad.”, señalan los jueces.

Los jueces indican que rechazar que fue rebelión está justiciado no solo por razones objetivas “ligadas a la falta de funcionalidad de la violencia”, sino también “por razones subjetivas”. El fallo comenta que quedan probados indiscutibles episodios de violencia pero precisa que no los suficientes para poder condenar por rebelión ya que “la conjura” fue “abortada con la mera exhibición” de unas páginas del BOE que publicaban la aplicación del 155 en Cataluña.

En este punto, rememora que algunos de los líderes emprendieron “repentina huida”. Los que se quedaron “desistieron incondicionalmente de la aventura que habían emprendido”.


El Supremo indica que todos los acusados eran conscientes de la “manifiesta inviabilidad jurídica de un referéndum de autodeterminación de un referéndum de autodeterminación que se presentaba como la vía para la construcción de la República de Cataluña”. 

Eran conocedores, añade el Tribunal, “de que lo que se ofrecía a la ciudadanía catalana como el ejercicio legítimo del derecho a decidir, no era sino el señuelo para una movilización que nunca desembocaría en la creación de un Estado soberano”.

El derecho a decidir había mutado a un atípicio derecho a presionar

Y añaden esta apreciación: “Bajo el imaginario derecho de autodeterminación se agazapaba el deseo de los líderes políticos y asociativos de presionar al Gobierno de la Nación para la negociación de una consulta popular”. “Los ilusionados ciudadanos que creían que un resultado positivo del llamado referéndum de autodeterminación conduciría al ansiado horizonte de una república soberana, desconocían que el derecho a decidir había mutado y se había convertido en un atípico derecho a presionar”, se describe.

Para los magistrados, los acusados “propiciaron un entramado jurídico paralelo
al vigente y promovieron un referéndum carente de todas las garantías
democráticas”. Por lo que aprecian que “los ciudadanos fueron movilizados para demostrar que los jueces en Cataluña habían perdido su capacidad jurisdiccional y fueron, además, expuestos a la compulsión personal mediante la que el ordenamiento jurídico garantiza la ejecución de las decisiones judiciales”.

Frente a esto, añade la sentencia, “el Estado mantuvo en todo momento el control de la fuerza, militar, policial, jurisdiccional e incluso social. Y lo mantuvo convirtiendo el eventual propósito independentista en una mera quimera. De ello eran conscientes los acusados”.

Califica el llamamiento del independentismo como “una mera ensoñación del autor o un artificio engañoso creado para movilizar a unos ciudadanos que creyeron estar asistiendo al acto histórico de fundación de la república catalana y, en realidad, habían sido llamados como parte tácticamente esencial de la verdadera finalidad de los autores”.

Los acusados sabían, desde el momento mismo del diseño independentista,
que no existe marco jurídico para una secesión lograda por la simple vía de
hecho, sin otro apoyo que el de una normativa de ruptura constitucional que
pierde su eficacia en el instante mismo de su publicación, añade la sentencia.

En la sentencia señala que los acusados lo que querían era una “negociación directa con el Gobierno del Estado”.

No existe “tal derecho a decidir”

También el Supremo señala quela sentencia destaca que la protección de la unidad territorial de España no es una extravagancia que singularice nuestro sistema constitucional”. “La práctica totalidad de las constituciones europeas incluye preceptos encaminados a reforzar la integridad del territorio sobre el que se asientan los respectivos Estados”, recuerdan los magistrados.

Hay que fijarse en otra parte de la sentencia: No existe (...) tratado internacional que haya codificado el “derecho a decidir”. “Todo movimiento de secesión unilateral en una sociedad que ha hecho suyas la Convención de Derechos Humanos de 1951 y la Carta de Derechos de Lisboa de 2010 es, por definición, un movimiento antidemocrático”, precisan.

Vila, Mundó y Borràs se libran de la cárcel

Y lo creen los magistrados porque “es destrozar las bases de un modelo constitucional para construir una república identitaria en la que el pluralismo ideológico y político no están garantizados”.

“La conversión del “derecho a decidir”, como indiscutible facultad inherente a
todo ser humano, en un derecho colectivo asociado a un pueblo, encerrará
siempre un salto en el vacío”, dicen en la sentencia. A lo que apostilla: “No existe un “derecho a decidir” ejercitable fuera de los límites jurídicos definidos por la propia sociedad. No existe tal derecho. Su realidad no es otra que la de una aspiración política”.

Un delicado momento político

El fallo llega además en un momento político muy delicado, sin resolverse el conflicto institucional en Cataluña y en mitad de la precampaña de las elecciones generales del 10-N. Ante la posibilidad de que la Generalitat incumpla otra vez las leyes, el Gobierno de Pedro Sánchez ya ha avisado de que podría aplicar otra vez el 155 o utilizar la Ley de Seguridad Nacional.

Una de las grandes preocupaciones es qué pasará ahora en las calles catalanas, después de que entidades y partidos hayan llamado a una desobediencia civil masiva para protestar contra el fallo del Supremo. El Ministerio del Interior ha mandado refuerzos de la Policía y la Guardia Civil y se ha desplegado un dispositivo de los Mossos de la Generalitat ante esta situación compleja y la posibilidad de que haya protestas violentas, alentadas principalmente por los CDR.

Sobre la sentencia planeaba la máxima incógnita: si hubo o no violencia. La Fiscalía General siempre ha defendido que sí -lo calificó como “golpe de Estado”-, por lo que pedía condena por rebelión, mientras que la Abogacía del Estado lo rebajaba a sedición y las defensas hablaron en el juicio de mera desobediencia.

Por lo tanto, dictado ya el fallo, los jueces se alínean con Rosa Seoane, abogada del Estado y que había recibido críticas por una parte de la judicatura y de partidos políticos por rebajar su acusación a sedición.

Tres meses de juicio: “Amo a España”

Este juicio ha tratado de dilucidar lo que pasó en las semanas clave de septiembre y octubre de 2017 en el llamado procés: el asalto a la Consellería de Economía, el desacato del fallo del Constitucional sobre la ilegalidad del referéndum, la organización de esta consulta y la declaración unilateral de independencia del Parlament el 27 de octubre.

Esta sentencia supone el final en el Supremo de este histórico juicio, que duró tres meses y que arrancó el 12 de febrero de este año.  Un día que quedará grabado en la enciclopedia judicial española, en el que Oriol Junqueras -sentado entre los acusados- evitó saludar al presidente de la Generalitat, Quim Torra, que acudió como invitado.

Junqueras ha sido principalmente el protagonista de este juicio -al estar Puigdemont huido y no hacerse efectiva al euroorden para detenerle y devolverlo-. “Yo amo a España. Amo a la gente y a la cultura española”, esta fue la frase que marcó el turno de defensa del líder de ERC y exvicepresidente catalán, quien durante su intervención hizo más bien un mitin político y defendió el pacifismo del movimiento independentista.

De los operativos policiales al papel de Marchena

Unos meses de máxima tensión política y jurídica en los que también se vio sentados en el Supremo como testigos al expresidente del Gobierno Mariano Rajoy y su ‘mano derecha’, Soraya Sáenz de Santamaría. También pasó el exministro de lnterior Juan Ignacio Zoido y la cúpula de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Y lo que chocó durante estas sesiones especialmente es que ningún dirigente se responsabilizó del dispositivo policial y de aquellas cargas durante el 1-O que dieron la vuelta al mundo.

Durante el juicio también se ha tratado el papel de los Mossos durante estos días, aunque la causa contra el antiguo jefe de la Policía autonómica Josep Lluís Trapero, y otros altos mandos se celebra de manera paralela en la Audiencia Nacional.

El protagonista inesperado de este juicio ha sido el presidente del tribunal. Marchena ha sabido llevar este difícil proceso judicial y han quedado frases también en el imaginario colectivo: “Vamos a ver... no empezamos bien”, “la fiebre no tiene trascendencia jurídica”, “las preguntas hay que traerlas pensadas de casa”, “no existe la figura del testigo opinante”, “eran guardaespaldas o eran personas”.

Y un juicio en el que intentó un protagonismo fallido Vox, sentado como acusación particular con el ‘número dos’ del partido de la ultraderecha y abogado, Javier Ortega Smith, Ninguno de los acusados respondió a este letrado. Los testigos contestaron pero muchos dijeron que “por imperativo legal” y dos no lo hicieron (Eulalia Reguant y Antonio Baños), por lo que fueron multados con 2.500 euros.

Ya hay sentencia, ya es historia de España.



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domingo, 29 de septiembre de 2019

Historia de Cataluña: origen, independencia, nacionalismo y más.

La historia de Cataluña es muy interesante, puesto que esta ciudad a sentido el deseo de separarse de España durante mucho tiempo. Es conocida por ser la ciudad que sustenta todo el país y es por ello que no se les ha permitido independizarse de España, sin embargo con el paso de la historia ha ocurrido grandes cambios con respecto al estatus de esta ciudad; conoce esto y mucho más a través de este artículo.


Generalidades de la Historia de Cataluña

El territorio que ahora constituye la nacionalidad y la comunidad autónoma de Cataluña se estableció por primera vez durante el Paleolítico Medio. Al igual que el resto de la vertiente mediterránea de la Península Ibérica, el área fue ocupada por los íberos y varias ciudades griegas y cartaginesas se establecieron en la costa antes de la conquista romana.

La zona que hoy es Cataluña fue la primera zona de Hispania conquistada por los romanos. Luego pasó a estar bajo dominio visigodo tras el colapso de la parte occidental del Imperio Romano. En el año 718, la zona fue ocupada por los árabes y pasó a formar parte del dominio musulmán de al-Andalus.

El Imperio Francés conquistó el área de los musulmanes, terminando con la conquista de Barcelona en 801, como parte de la creación de una zona de amortiguamiento más grande de los cristianos contra los condados de dominio islámico conocido como la Marca Hispánica.

En 1137, Ramon Berenguer IV, conde de Barcelona, aceptó la propuesta del rey Ramiro II de Aragón de casarse con la reina Petronila, estableciendo la unión dinástica del condado de Barcelona con el reino de Aragón, creando la Corona de Aragón, mientras que el condado de Barcelona y los demás condados catalanes adoptaron una entidad política común conocida como el Principado de Cataluña, que desarrolló un sistema institucional (Tribunales, constituciones, Generalitat) que limitaba el poder de los reyes.


Cataluña contribuyó a un mayor desarrollo del comercio y del ejército aragonés, entre los que destaca su armada. La lengua catalana floreció y se expandió a medida que se añadieron más territorios a la Corona, incluyendo Valencia, las Islas Baleares, más tarde Cerdeña, Sicilia, Nápoles y, brevemente, Atenas.

El matrimonio de Fernando II de Aragón con Isabel I de Castilla en 1469 sentó las bases para una Corona de España unificada. En 1492, el Emirato de Granada fue conquistado y la colonización española de las Américas comenzó. El poder político comenzó a desplazarse desde la Corona de Aragón hacia Castilla. Las tensiones entre las instituciones catalanas y la Monarquía, junto con otros factores como la crisis económica y las revueltas campesinas, provocaron conflictos, como la Guerra de los Segadores (1640-1652).

El Principado de Cataluña conservó su propio estatus político, pero éste llegó a su fin tras la Guerra de Sucesión española (1701-1714). Durante la guerra, la Corona de Aragón apoyó la reivindicación del Archiduque Carlos de Habsburgo.

Tras la rendición de las tropas catalanas el 11 de septiembre de 1714, Felipe V de España, el nuevo rey Borbón, inspirado en el modelo de Francia, impuso una administración unificadora en toda España, suprimiendo la Corona de Aragón y promulgando los decretos de Nueva Planta, prohibiendo las principales instituciones y derechos políticos catalanes (excepto el derecho civil) y fusionándose en la Corona de Castilla como provincia.

Esto llevó al eclipse del catalán como lengua de gobierno y literatura. Desde el punto de vista económico, Cataluña experimentó un crecimiento comercial, reforzado a finales del siglo XVIII cuando los Borbones pusieron fin al monopolio comercial de Castilla con las colonias americanas de España.


En el siglo XIX Cataluña se vio gravemente afectada por las guerras napoleónicas y carlistas. La ocupación napoleónica y la guerra en España iniciaron un período de agitación política y económica. En el segundo tercio del siglo, Cataluña se convirtió en un centro de industrialización. A medida que crecía la riqueza de la expansión industrial, Cataluña experimentó un renacimiento cultural junto con un nacionalismo incipiente, mientras que aparecieron varios movimientos obreros.

En el siglo XX, Cataluña gozó y perdió diversos grados de autonomía. La Segunda República española estableció la autonomía política de Cataluña y el uso oficial de la lengua catalana. Como gran parte de España, Cataluña luchó por defender a la República Española en la devastadora Guerra Civil de 1936-1939. Con la derrota de la República por las fuerzas de derecha de Francisco Franco, se suprimieron las autonomías.

Con España devastada y aislada del comercio internacional por los boicots y la política autárquica, Cataluña, como centro comercial e industrial, sufrió severamente. La recuperación económica fue muy lenta y no fue hasta mediados de la década de 1950 que la economía alcanzó los niveles de antes de la guerra de 1936.

Entre 1959 y 1974 España experimentó la segunda expansión económica más rápida del mundo en lo que se conoció como el Milagro Español y Cataluña prosperó enormemente de la expansión como el destino industrial y turístico más importante de España.


En 1975 Franco murió, poniendo fin a su régimen dictatorial, y en 1978 Cataluña votó abrumadoramente a favor de la nueva constitución democrática española que reconocía la autonomía y la lengua de Cataluña. Recuperó una autonomía considerable en asuntos internos y ahora es una de las comunidades más dinámicas económicamente de España. En la década de 2010 ha habido una creciente demanda de independencia catalana.

La prehistoria en Cataluña

Los primeros asentamientos humanos conocidos en lo que hoy es Cataluña se remontan a los inicios del Paleolítico Medio. El rastro más antiguo conocido de ocupación humana es una mandíbula encontrada en Banyoles, descrita por algunas fuentes como pre-Neandertal de unos 200.000 años de antigüedad; otras fuentes sugieren que sólo tiene una tercera parte de esa antigüedad.

Algunos de los restos prehistóricos más importantes se hallaron en las cuevas de Mollet (Serinyà, Pla de l’Estany), el Cau del Duc del Montgrí (“cau” significa “cueva” o “guarida”), los restos del Forn d’en Sugranyes (Reus) y los refugios Romaní y Agut (Capellades), mientras que los del Paleolítico Superior se encuentran en el Reclau Viver, la cueva de Arbreda y la Bora Gran d’en Carreres, en Serinyà, o el Cau de les Goges, en Sant Julià de Ramis.

De la siguiente época prehistórica, el Epipaleolítico o Mesolítico, se conservan importantes restos, en su mayor parte datados entre los años 8000 a.C. y 5000 a.C., como los de Sant Gregori (Falset) y el Filador (Margalef de Montsant).

El Neolítico se inició en Cataluña hacia el 4500 a.C., aunque la población fue más lenta en desarrollar asentamientos fijos que en otros lugares, gracias a la abundancia de bosques, lo que permitió la continuación de una cultura fundamentalmente cazadora-recolectora. Los vestigios neolíticos más importantes de Cataluña son la Cueva de Font Major (l’Espluga de Francolí), la Cueva del Toll (Morà), las cuevas de Gran y Freda (Montserrat) y los abrigos de Cogul y Ulldecona.


El período calcolítico o eneolítico se desarrolló en Cataluña entre los años 2500 y 1800 a.C., con el inicio de la construcción de objetos de cobre. La Edad del Bronce ocurrió entre 1800 y 700 a.C. Quedan pocos vestigios de esta época, pero se conocen algunos asentamientos en la zona baja del Segre.

La Edad del Bronce coincidió con la llegada de los indoeuropeos a través de la Cultura Urnfield, cuyas sucesivas oleadas migratorias se iniciaron alrededor del año 1200 a.C., y fueron responsables de la creación de los primeros asentamientos protourbanos. A mediados del siglo VII a.C. llega a Cataluña la Edad de Hierro.

Feudalismo Con respecto a este periodo en la historia de Cataluña, el imperio Romano, el cual ya tenía dominio del territorio que hoy en día se le conoce como Cataluña, se vio fuertemente afectado, al igual que todo el territorio catalán, debido al cambio de poderes que ocurrió para ese momento.

El dominio visigodo y musulmán

La Crisis del Tercer Siglo afectó a todo el Imperio Romano, y afectó gravemente al territorio catalán, donde se observan importantes niveles de destrucción y abandono de villas romanas. Este es también el período de las primeras pruebas documentales de la llegada del cristianismo.

La conversión al cristianismo, atestiguada en el siglo III, se completó en las zonas urbanas en el siglo IV. Aunque Hispania permaneció bajo dominio romano y no cayó bajo el dominio de vándalos, suevos y alanos en el siglo V, las principales ciudades sufrieron frecuentes saqueos y cierta desurbanización.

Si bien la evidencia arqueológica muestra la recuperación de algunos núcleos urbanos, como Barcino, territorio al que hoy día se le conoce como Barcelona, Tarraco (más tarde Tarragona) y Gerunda (más tarde Girona), la situación anterior no fue restaurada: las ciudades se hicieron más pequeñas, y construyeron murallas defensivas.


En el siglo V, como parte de la invasión del Imperio Romano por parte de las tribus germánicas, los visigodos, liderados por Ataúlfo, se instalaron en la Tarraconense (cuenca del Ebro, 410) y cuando en 475 el rey visigodo Eurico formó el reino de Tolosa (moderna Toulouse), incorporó el territorio equivalente al actual Cataluña. Posteriormente, el reino visigodo perdió la mayor parte de su territorio al norte de los Pirineos y trasladó su capital a Toledo.

El reino visigodo de Hispania duró hasta principios del siglo VIII. En el año 714, las fuerzas omeyas llegaron al noreste de la península, donde se produjeron algunos enfrentamientos importantes (Zaragoza, posiblemente Barcelona). En 720, Narbona cayó en manos de las fuerzas conjuntas árabe-bereberes, a las que siguió la conquista de los restos del reino visigodo de Septimania (Nîmes capturado en 725). El último rey visigodo Ardo murió en el teatro de guerra (721).

Conquista carolingia

Después de repeler incursiones musulmanas tan al norte como Tours en el año 732, el creciente Imperio Francés se propuso crear una zona de amortiguamiento de condados cristianos en el sur que se dio a conocer en la Marca Hispánica o la Marcha Española. El primer condado conquistado a los moriscos se encontraba en la antigua zona de Septimania que se convirtió en Rosellón (con Vallespir), tras la conquista de Narbona (759).

En el año 785 se toma la comarca de Girona (con Besalú) en la vertiente sur de los Pirineos. La Ribagorza y el Pallars se vincularon a Toulouse y se añadieron a esta comarca hacia el año 790. En el año 798 se añadieron Urgell y la Cerdanya.

Los primeros registros de la provincia de Empúries (con Perelada) datan del año 812, pero es probable que la provincia estuviera bajo control franco antes del año 800. Después de una serie de luchas, el hijo de Carlomagno, Luis, tomó Barcelona del emir moro en el año 801 y estableció el condado de Barcelona.


Los condes de la Marca Hispánica tenían pequeños territorios periféricos, cada uno gobernado por un menor número de millas con retenedores armados, que debían lealtad a través del Conde al Emperador, o a sus sucesores carolingios y otomanos.

A finales del siglo IX, el monarca carolingio Carlos el Calvo designó a Wilfred el Velloso -noble descendiente de una familia de Conflent e hijo del anterior Conde de Barcelona Sunifred I- conde de Cerdanya y Urgell (870); Después de la muerte de Carlos (877), Wilfred se convirtió también en Conde de Barcelona y de Girona (878).

Posteriormente estos sucesos reunieron la mayor parte de lo que más tarde se convertiría en territorio catalán, y aunque a su muerte las comarcas volvieron a repartirse entre sus hijos, excepto durante un breve período, Barcelona, Girona y Ausona continuaron unificadas bajo un solo conde. Como resultado, Wilfred heredó su título y fundó la dinastía de la Casa de Barcelona, que gobernó Cataluña hasta 1410.

El ascenso y la caída de los ”Aloers”

Durante el siglo X los condes catalanes se independizaron cada vez más de los gobernantes carolingios. La lealtad se rompió por completo cuando el conde Borrell II se hizo oficial en 987 cuando no juró lealtad a Hugh Capet, el primer monarca capeando del emergente reino francés.

En esos años, la población de las comarcas catalanas comenzó a aumentar por primera vez desde la invasión musulmana. Durante los siglos IX y X, los condados se convirtieron cada vez más en una sociedad de aloers, propietarios campesinos de pequeñas granjas familiares, que vivían de la agricultura de subsistencia y no tenían ninguna lealtad feudal formal.


El siglo XI se caracterizó por el desarrollo de la sociedad feudal, ya que los kilómetros formaban vínculos de vasallaje sobre este campesinado el cual anteriormente independiente. Los años centrales del siglo se caracterizaron por una muy violenta guerra de clases.

Se desató violencia señorial contra los campesinos, utilizando nuevas tácticas militares, basadas en la contratación de soldados mercenarios bien armados y montados a caballo. A finales de siglo, la mayoría de los aloers se habían convertido en vasallos.

Esto coincidió con un debilitamiento del poder de los condes y la división de las Marcas españolas en condados más numerosos, que gradualmente se convirtieron en un estado feudal basado en fealdades y dependencias complejas. Desde el triunfo de Ramón Berenguer I sobre los demás condes catalanes, los condes de Barcelona se mantuvieron firmes como eslabón de una red de lealtad entre los condes catalanes y la Corona.

Primeras referencias al nombre Cataluña

El término “Cataluña” se documenta por primera vez en una crónica latina de principios del siglo XII llamada Liber maiolichinus, donde Ramon Berenguer III, Conde de Barcelona, es conocido como catalanicus heroes, rector catalanicus, y dux catalanensis.

Algunos manuscritos sugieren que Catalunya (Gathia latina Launia) Gothia (o Gauthia), “Tierra de los godos”, desde los orígenes de los condes catalanes, los señores y los pueblos se encontraron en la antigua Marcha de Gothia, conocida como Gothia, de donde Gothland > Gothlandia > Gothlandia > Gothalaunia de la que Cataluña se ha derivado teóricamente.

Durante la Edad Media, los cronistas bizantinos afirmaron que Catalania deriva de la mezcla local de godos con alanos, constituyendo inicialmente un gótico-alavés. Alternativamente, el nombre puede provenir de la palabra “ca(s)telan” (habitante del castillo) ya que la zona tenía muchas fortificaciones.


Además, los nombres Catalonie o Cathalania (Cataluña) y catalanenses (catalanes) se encuentran fácilmente refiriéndose a una zona geográfica y sus habitantes relacionados con la gente del Languedoc.

Época moderna (1600-1939)

Desde los inicios de los tiempos en los que predominaban los reyes católicos, los catalanes estaban fielmente involucrados en la expediciones y campañas militares que se desarrollaban en todo el territorio español, esto es a lo que se le denomina como época moderna.

La guerra de los cosechadores

La Guerra de los Segadores (catalan: Guerra dels Segadors, 1640-52) comenzó como un levantamiento de campesinos en Barcelona. Ya en tiempos de Felipe II habían surgido conflictos entre Cataluña y la monarquía.

Habiendo agotado los recursos económicos de Castilla, Felipe quiso aprovechar los de Cataluña; las instituciones gubernamentales y las leyes catalanas estaban bien protegidas por los términos de la unión de los reinos y celosamente custodiadas por la población catalana, al tiempo que aumentaba la participación de la comunidad política en el gobierno del Principado.

Después de que Felipe IV accediera al trono en 1621, el Conde-Duque de Olivares intentó sostener una ambiciosa política exterior imponiendo impuestos a los reinos de la Península Ibérica, lo que significó dejar de lado los principios hasta entonces imperantes de la confederación, en favor del centralismo (a menudo denominado en el contexto español como unitarismo).

La resistencia en Cataluña fue especialmente fuerte, dada la falta de un aparente retorno regional significativo por los sacrificios. Los Juzgados catalanes de 1626 y 1632 nunca se concluyeron, debido a la oposición de los estamentos contra las medidas económicas y militares de Olivares, muchas de las cuales violan las constituciones catalanas.


Cuando los tercios españoles se concentraron en el Rosellón a finales de la década de 1630, a causa de la Guerra de los Treinta Años con Francia, los campesinos locales tuvieron que alojar y aprovisionar a las tropas. El 7 de junio de 1640 un levantamiento conocido como Corpus de Sang se cobró la vida de varios funcionarios reales, no todos ellos castellanos. 

Los motines continuaron; pocas semanas después, Pau Claris, presidente de la Generalitat de Cataluña, convocó a los miembros políticos de todo el Principado para formar una Junta de Braços o Braços Generals (Estados Generales), un órgano consultivo.

La convocatoria fue un éxito, y la presencia de ciudades y pueblos feudales fue excepcionalmente grande. Esta asamblea, que trabajaba con el voto individual, comenzó a crear y aplicar diversas medidas revolucionarias, como el establecimiento de un Consejo de Defensa del Principado, un impuesto especial para la nobleza (el Batalló) y estableció contactos con el Reino de Francia, mientras que la tensión con la monarquía crecía e iniciaba los conflictos militares.

Finalmente, el 17 de enero de 1641, los estados generales declararon la República Catalana bajo la protección de Francia, pero una semana más tarde las instituciones catalanas, necesitando más ayuda militar francesa, aceptaron al rey Luis XIII de Francia como conde de Barcelona. Esto permitió al ejército francés cruzar los Pirineos hacia la Península Ibérica durante la larga guerra franco-española.


Después de importantes reveses, las fuerzas españolas habían expulsado a los franceses y aplastado la rebelión en 1652 y la mayor parte de Cataluña volvió a formar parte de la Monarquía de España, pero Cataluña obtuvo el reconocimiento de sus derechos por parte de la monarquía española de los Habsburgo, con pocas excepciones.

Cuando terminó la guerra entre España y Francia en 1659, el tratado de paz cedió los territorios de habla catalana al norte de los Pirineos, el Rosellón, Conflent, Vallespir, Capcir, y la mitad norte de la Cerdanya, a Francia.

Autonomía y República

Tras la caída de Primo de Rivera, la izquierda catalana hizo grandes esfuerzos para crear un frente unido bajo la dirección del líder independentista de izquierdas Francesc Macià, fundador del Estat Català. La Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) supuso una ruptura con el abstencionismo electoral que, hasta entonces, había sido característico de los trabajadores catalanes.

Defendiendo el socialismo moderado, el republicanismo y la autodeterminación catalana, el partido consiguió una victoria espectacular en las elecciones municipales del 12 de abril de 1931, que precedieron a la proclamación de la Segunda República española el 14 de abril.


Tras una breve proclamación de la República Catalana (14-17 de abril) por parte del líder del ERC, Francesc Macià, la Generalitat de Cataluña revivió como gobierno autónomo, y un Estatuto de Autonomía de Cataluña de septiembre de 1932 otorgó una fuerte, aunque no absoluta, concesión de autogobierno. Un estatuto similar otorgó autonomía al País Vasco, pocos años después. El Parlamento de Cataluña fue elegido el 20 de noviembre de 1932 y el ERC obtuvo una amplia mayoría de escaños.

Bajo sus dos presidentes, Francesc Macià (1931-1933) y Lluís Companys (1934-1939), la Generalitat republicana, bajo el control democrático de la izquierda, llevó a cabo una importante labor en diferentes ámbitos como la cultura, la salud, la educación y el derecho civil, a pesar de la grave crisis económica, sus repercusiones sociales y las vicisitudes políticas de la época, incluida su suspensión en 1934, debido a un levantamiento en Barcelona en octubre de ese año.


El presidente Companys proclamó el Estado catalán de la República Federal española, rápidamente suprimido por el ejército español, y el Gobierno catalán siguió detenido. En cuanto al movimiento obrero, hubo la crisis de la CNT con la facción disidente en la década de 1930 y la formación del Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM) y del Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC).

Tras la victoria electoral de la izquierda en las elecciones nacionales españolas de febrero de 1936, y la subsiguiente restauración del gobierno de la Generalitat, se produjo la insurrección armada de julio de 1936 que condujo a la Guerra Civil española.

Guerra Civil

La derrota de la rebelión militar inicial contra el gobierno republicano en Cataluña colocó a Cataluña firmemente en el campo republicano. Durante la guerra hubo dos poderes rivales en Cataluña: el poder de jure de la Generalitat y el poder de facto de las milicias populares armadas.

Los enfrentamientos violentos entre los partidos obreros culminaron con la derrota de la CNT-FAI y el POUM, contra los cuales el PSUC desató una fuerte represión. La situación local se fue resolviendo progresivamente a favor de la Generalitat, pero al mismo tiempo la Generalitat estaba perdiendo parcialmente su poder autónomo dentro de la España republicana.


Las fuerzas militares de la Generalitat, parcialmente organizadas entre diciembre de 1936 y mayo de 1937 en el Ejército Popular de Cataluña (Exèrcit Popular de Catalunya), se concentraron en dos frentes: Aragón y Mallorca.

Esto último fue un desastre total. El frente aragonés resistió con firmeza hasta 1938, cuando la ocupación de Lleida y Balaguer lo desestabilizó. Finalmente, las tropas franquistas dividieron el territorio republicano en dos ocupando Vinaròs, aislando Cataluña del resto de la España republicana.

La derrota de los ejércitos republicanos en la batalla del Ebro condujo en 1938 y 1939 a la ocupación de Cataluña por las fuerzas franquistas, que abolieron por completo la autonomía catalana e introdujeron un régimen dictatorial, que tomó fuertes medidas contra el nacionalismo y la cultura catalanes.

Sólo cuarenta años después, tras la muerte de Franco (1975) y la adopción de una constitución democrática en España (1978), Cataluña recuperó su autonomía y reconstituyó la Generalitat (1977).

George Orwell trabajó en el POUM de Cataluña desde diciembre de 1936 hasta junio de 1937. Sus memorias de la época, Homenaje a Cataluña, se publicaron por primera vez en 1938 y prefiguraron las causas de la Segunda Guerra Mundial. Sigue siendo uno de los libros más leídos sobre la Guerra Civil Española.

Para una mejor comprensión del texto, anexo el siguiente video: 

  


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