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viernes, 24 de enero de 2020

Efemérides del 24 de enero (43º aniversario de la matanza de los abogados de Atocha)

Hoy 24 de Enero de 1977 se produce la matanza de los abogados laboralistas de Atocha 

Monumento a los abogados asesinados, situado en la plaza de Antón Martín de Madrid.

La Matanza de Atocha de 1977 fue un atentado terrorista cometido por extremistas de derecha en el centro de Madrid la noche del 24 de enero de 1977, en el marco del llamado terrorismo tardo franquista. Cinco abogados fueron asesinados, marcando la transición española iniciada tras la muerte del dictador Francisco Franco. 

Un comando ultraderechista penetró en un despacho de abogados en derecho laboral de Comisiones Obreras (CC OO) y militantes del Partido Comunista de España (PCE), situado en el número 55 de la calle de Atocha, abriendo fuego contra los allí presentes, matando a cinco personas y dejando cuatro heridos.

El Tribunal que dictó sentencia el 4 de marzo de 1980 consideró que los procesados Francisco Albadalejo (secretario del Sindicato Vertical del Transporte Privado de Madrid y vinculado a FE de las JONS), José Fernández Cerrá, Carlos García Juliá y Leocadio Jiménez Caravaca constituían un "grupo activista e ideológico, defensor de una ideología política radicalizada y totalitaria, disconforme con el cambio institucional que se estaba operando en España". El fallo condenó a José Fernández Cerrá y Carlos García Juliá a un total de 193 años a cada uno de ellos, y a Francisco Albadalejo, a un total de 73 años.

El periódico italiano Il Messaggero indicó en marzo de 1984 que neofascistas italianos habían participado en la matanza, tesis que fue respaldada en 1990, cuando un informe oficial italiano relató que Carlo Cicuttini, un neofascista italiano próximo a la organización Gladio (una red clandestina anti-comunista dirigida por la CIA), había participado en la matanza. Cicuttini había escapado a España donde adquirió la nacionalidad española, después del atentado de Peteano de 1972, hecho con Vincenzo Vinciguerra.

En la actualidad hasta en 23 pueblos de la Comunidad de Madrid, existen calles y plazas, recordando a las víctimas de Atocha del número 55. (….)



El asesinato de los abogados de Atocha cambió la historia de la Transición: "Los mataron al grito de viva Cristo rey y viva España"

En el número 55 de la calle Atocha de Madrid cambió la Transición, como se ve en el vídeo. Fue el lugar en el que fueron asesinados los abogados de Atocha.

  

Los abogados laboralistas del despacho de la calle Atocha, historia viva
La Fundación Abogados de Atocha de Comisiones Obreras de Madrid trabaja desde hace años para que los abogados de Atocha continúen vivos en la memoria de la sociedad, especialmente en la de los jóvenes. Es un homenaje continuo a los abogados asesinados el 24 de enero de 1977 en Atocha 55: Luis Javier Benavides, Enrique Valdelvira, Javier Sauquillo, Serafín Holgado y Ángel Rodríguez y a sus compañeros malheridos, Alejandro Ruiz-Huerta, Luis Ramos, Dolores González y Miguel Sarabia (ver anexo 1).
Imágenes del funeral
Para interpretar los hechos acaecidos en el despacho laboralista de la calle de Atocha, 55, en Madrid, hay que remontarse tiempo atrás porque el asesinato de los abogados laboralistas no fue una iniciativa aislada de dos ultraderechistas que querían sembrar el terror. Lo sucedido en Atocha fue la última tragedia en la recta final de la lucha contra el franquismo, el preámbulo para recuperar la democracia en este país.

La lucha comenzó el 18 de julio de 1936, cuando el general Francisco Franco se levanta en armas contra el gobierno legítimamente constituido. A partir de aquel día, el pueblo español, individual y colectivamente, comienza a batallar por recuperar la libertad durante 40 años. Pero en esas cuatro décadas hay fechas muy significativas.

En el año 1956, el Partido Comunista de España (PCE), partido ilegal que encabeza desde el interior del país las movilizaciones de oposición al régimen, lanza lo que sus dirigentes denominan la Política de Reconciliación Nacional, un gran cambio estratégico y que, además de superar el enfrentamiento civil, pasa por cambiar las formas de combatir el franquismo. La idea es clara: ya no es suficiente la pelea en solitario, hay que  tender la mano para que colectivos profesionales, el movimiento obrero, el universitario y otros colectivos puedan organizarse para combatir la falta de libertad.

En noviembre de 1975 muere Franco y se incrementan ampliamente las movilizaciones. Una vez fallecido el dictador hay que evitar que se perpetúe el franquismo y hay que procurar alcanzar un espacio de libertad en el que convivan todas las fuerzas políticas de nuestro país.

Continuismo – Reforma
En Diciembre se constituye el Gobierno Arias – Fraga,  primer gabinete de Juan Carlos I, recientemente proclamado Rey por la Ley de Sucesión franquista. A lo largo del primer semestre de 1976 se manifestaría la dificultad de llevar a cabo reformas políticas, lo que provocaría un distanciamiento cada vez mayor entre Arias Navarro y el Monarca .

Los sucesos de Vitoria , en el mes de Marzo, con cinco trabajadores muertos, sesenta heridos graves - la mitad de bala -  y cientos leves y de Montejurra (Navarra) en Mayo, con dos personas muertas y varios heridos por disparos, en el cual estuvieron implicados los Servicios de Inteligencia del Gobierno (SECED), proyectaban ante el mundo el rostro cruel de un gobierno agónico.

Las respuestas autoritarias ante los conflictos y pretender que la reforma se podía hacer sin contar con la oposición acabó con el intento de un proceso pseudo-dialogante, tutelado e incompleto.

Al primer Gobierno de Arias Navarro le sustituye el encabezado por Adolfo Suárez, quien entiende que la solución al aislamiento que vive el país pasa por una reforma mas incisiva, aunque controlada, en la que no se desvelan qué partidos van a ser legalizados. Se pretende que el PCE quede excluido de las primeras elecciones generales. Reducir el espectro ideológico desde la derecha franquista a la socialdemocracia.

Comienza la "estrategia de la tensión”. Una vez más los dos tentáculos, extrema derecha y extrema izquierda, son manejados por los Servicios de Inteligencia del Gobierno. El 11 de Diciembre es secuestrado en Madrid el Presidente del Consejo de Estado Antonio María de Oriol y Urquijo, político y empresario que se movía en los círculos ultraconservadores. El secuestro es atribuido al GRAPO, un oscuro grupo izquierdista infiltrado por la Policía y que marcará todo el periodo de transición política.

El 15 de diciembre de 1976, Adolfo Suárez convoca un Referéndum para la Reforma Política. En esa consulta hay un amplio respaldo al y el sector más vinculado al franquismo que defiende el NO, consigue apenas un 7 por ciento de los votos. La Ley de Reforma Política es promulgada el 4 de Enero de 1977.

Cuarenta y cinco días después del secuestro de Oriol ocurre la matanza de Atocha. Pero, ¿qué pasa en esos cuarenta y cinco días? En ese periodo, en Madrid, el fascismo campa a sus anchas en connivencia con algunos sectores de la Policía político-social, acosando, agrediendo y aterrorizando a la ciudadanía, entre ellos a los abogados laboralistas que trabajan también como abogados de barrio. El sector inmovilista del Régimen empieza a pensar que no hay vuelta atrás y que peligran sus posiciones en el entramado del poder. Por ello diseñan una campaña perfectamente organizada para crear las condiciones de desestabilización que permitan una intervención militar en el país, es decir, provocar un nuevo golpe de estado.

Alejandro Ruiz-Huerta, uno de los abogados sobrevivientes, recuerda muy bien lo que sucedía en las semanas anteriores al atentado. "En Madrid había una huelga muy importante del sector del transporte, protagonizada por diversas fuerzas sindicales, especialmente  Comisiones Obreras , que se coordinaba desde el despacho de Atocha. A ese proceso sindical se unía el proceso político que vivía el país, con la Ley de Reforma Política aprobada y con las vistas puestas en un proceso que debería conducir hacia la democracia".

El 23 de enero, un día antes del asesinato de los abogados de Atocha, la ultraderecha asesina disparando por la espalda al estudiante Arturo Ruiz, en el transcurso de una manifestación en la que se pedía amnistía para los presos políticos.

Al día siguiente, el 24 de enero, lunes, los ciudadanos se levantan con la noticia del secuestro del Teniente General Villaescusa, presidente del Consejo Supremo de Justicia Militar, la acción, otra vez más, es realizada por el siniestro GRAPO. Al mediodía en otra manifestación de repulsa por el asesinato del día anterior, un bote de humo lanzado por la Policía a corta distancia impacta sobre la frente de la estudiante universitaria Mariluz Nájera, causándole la muerte. En el país flota una gran tensión que va a culminar en la noche de ese lunes 24 de enero de 1977.

¿Quiénes eran los abogados laboralistas?
Una de las consecuencias que nace de la política que promulgaba la creación de espacios de libertad y que va cuajando en las universidades, en los sectores culturales y en los grandes núcleos industriales, fue el surgimiento de los despachos laboralistas, la única herramienta al alcance de los trabajadores para defender jurídicamente sus intereses, ya que la alternativa era el sindicato oficial, el Sindicato Vertical. Éste no sólo era incapaz de asesorar y asistir a los trabajadores sino que difícilmente podía sacar adelante un conflicto laboral ya que de su estructura  también formaban parte los empresarios.

El primer despacho de abogados laboralistas se abre en la madrileña calle de la Cruz, en diciembre de 1966. A él le seguirían otros en varios puntos de Madrid y en municipios como Coslada, Alcalá de Henares, Alcobendas, San Sebastián de los Reyes, Móstoles…Su misión, en principio, era asesorar y asistir jurídicamente a los trabajadores en todas las materias vinculadas al Derecho del Trabajo (despidos, conflictos colectivos, demandas de salario…). Pero esa labor se amplió pronto para dar asistencia al incipiente movimiento ciudadano que surgía en el país y en concreto en Madrid, en barrios como Vallecas o Palomeras. Los abogados laboralistas se convirtieron así también en abogados de barrio, asesorando a las nacientes asociaciones de vecinos en todo lo que necesitaran, desde la elaboración de estatutos hasta la lucha contra la especulación urbanística de los barrios periféricos de la capital.

El principal recuerdo que atesora Alejandro Ruiz-Huerta del despacho laboralista es que era un trabajo colectivo. "Nosotros trabajábamos en equipo, no sólo en las actuaciones jurídicas, judiciales o puramente administrativas sino también en la cuestión del salario. En el despacho de Atocha todo el mundo cobraba lo mismo, el personal de secretaría, los abogados, los administrativos… del primero al último. Este sistema de trabajo igualitario se extendía también en la toma de decisiones. Todos los que trabajaban en Atocha tenían voz y voto, idéntica posibilidad de decisión”.

Los ingresos provenían del fruto del trabajo. No cobraban por asesorar, ni por consulta, ni por juicio perdido en Magistratura de Trabajo. Sólo se cobraba un porcentaje sobre el resultado económico del juicio, cuando éste era favorable al trabajador.

Con este planteamiento, el trabajo se repartía en grupos de dos o tres abogados, que se encargaban conjuntamente de llevar cada expediente. "Éramos gente seria, profesionales, que sabiendo rascar en las leyes del franquismo encontrábamos alternativas para muchos problemas de los trabajadores. Y eso, nosotros, lo explotamos a conciencia. Hacíamos camino, jurisprudencia mucho más abierta, ampliábamos los derechos de los trabajadores y por eso creo que nuestro trabajo fue muy importante. Ese trabajo nos resarcía totalmente", recuerda Alejandro Ruiz-Huerta.

Generalmente eran jóvenes que, en su mayoría, pertenecían a familias de clase media, media-alta, algunos con ilustres apellidos, que podían haber optado por una vida mucho más tranquila y más compensada económicamente. En cambio, las ansias de libertad les condujo a militar en el Partido Comunista de España y en CCOO y a desarrollar un papel que fue fundamental en el proceso hacia la democracia. Ellos formaban parte de la vanguardia de este país.

¿Qué pasó en la noche del 24 de Enero?
"Recuerdo aquella noche como si fuera hoy. Estábamos preparando una reunión de coordinación de los abogados de barrios. Aún esperábamos a algunos que no acababan de llegar. Había un intercambio de conversaciones sobre lo duro que era ese día, un día terrible de la transición, la muerte de Mariluz Nájera, el secuestro de Villaescusa, la reunión de la oposición democrática con el Gobierno, un día tensísimo políticamente pero apasionante y esperanzador porque parecía que, por fin, se nos abrían las puertas del futuro para la libertad y la democracia…

…en esa situación, nuestra sorpresa fue mayúscula cuando entran unos pistoleros, uno con un pistolón tremendo, otro con la cara cubierta, al parecer había otro vigilando la salida, y allí nos ponen con las manos en alto, en un bosque de manos y de corazones en tensión tremenda, esperando, nos preguntan por Joaquín Navarro, el líder del sindicato del Transporte que algunas noches había estado por allí por problemas de seguridad.

No se encontraba  allí. Javier Sauquillo, probablemente era el que más sangre fría tenía en ese momento, les contestó que no estaba en el despacho y era verdad. Se suceden unas circunstancias extrañas, un tiro que se dio uno en el anorak al darse con el quicio de una puerta, el nerviosismo de los dos que nos están apuntando, se desencadena una tormenta de disparos terribles, en dos secuencias distintas, que nos tira a todos por el suelo, nos tapa los cuerpos de unos con los de otros y cuando estamos en el suelo nos rematan otra vez…

…de ahí en adelante, un silencio total y la necesidad de volver a sobrevivir…" Es el relato entrecortado y emocionado de Alejandro Ruiz-Huerta, uno de los que sobrevivieron a aquel espantoso suceso que se cobró la vida de Luis Javier Benavides, Enrique Valdelvira, Javier Sauquillo, Serafín Holgado y Ángel Rodríguez y dejó malheridos al propio Alejandro, Luis Ramos, Dolores González y Miguel Sarabia.

El después
En la medianoche del lunes 24 de enero de 1977, apenas una hora y media después del atentado de Atocha, sonaron muchos teléfonos. La noticia corrió como la pólvora entre los militantes del PCE, de Comisiones Obreras, de los movimientos ciudadanos, universitarios, profesionales…. Conmoción, preguntas, nervios, tensión, rabia, dolor. Los que en ese momento tenían una responsabilidad en las empresas por sus cargos sindicales y los que estaban ligados al PCE reciben una consigna clara y contundente: hay que mantener una absoluta tranquilidad, controlar cualquier elemento de desestabilización. Una vez cometida la masacre, lo que se pretende es que se dé un paso en falso para justificar la salida de los militares a la calle, tener una coartada para la intervención militar. Todos entienden lo que pretende la extrema derecha.

El 25 de enero de 1977, cuando se acudió a los centros de trabajo. Los cargos sindicales convocaron asambleas permanentes, se transmitió tranquilidad a todos los trabajadores y se estuvo a la espera de los acontecimientos.

El 26 de enero se celebró por las calles de Madrid un multitudinario entierro. Cientos de miles de personas despidieron a los abogados de Atocha asesinados, transmitiendo su solidaridad y volviendo a clamar por la libertad. Pero ese clamor no se dijo con palabras. La consigna era el silencio. Ni gritos, ni lamentos en voz alta, ni voces de apoyo al partido, ni a los sindicatos. Tenía que ser y fue una manifestación impresionantemente silenciosa y serena. De rabia, de dolor, de lágrimas…de gritos de silencio.

El mismo Rey Juan Carlos sería testigo sobrevolando, en un helicóptero que él mismo pilotaba, la Plaza de las Salesas y el Colegio de Abogados, lugar donde fue instalada la capilla ardiente.

Alejandro Ruiz-Huerta cree que la respuesta de la gente en Madrid el 26 de enero es una de las raíces de la democracia. "El responder con silencio, sin provocaciones, sin revanchismos, sin devolver violencia por violencia, con paz, libertad, democracia y con serenidad fue la clave de que a partir de ahí pudiéramos construir entre todos la democracia".

El 9 de abril de 1977 era legalizado el PCE. El 15 de junio se celebraron las primeras elecciones libres en este país y el pueblo se volcó avalando su decisión de construir una democracia parlamentaria. El triunfo es para la UCD de Suarez. En diciembre de 1978 se votó la Constitución en referéndum, obteniendo un respaldo abrumador. Se convocan nuevas elecciones generales el 1 de Marzo de 1979 y la UCD vuelve a vencer .

El juicio
En marzo de 1977 se detuvo a los presuntos implicados en la matanza de Atocha. Los asesinos frecuentaban un bar cercano a la sede del Sindicato Vertical en el que alardeaban de la autoría de los hechos. Pero hubo que esperar tres años para que se celebrara el juicio.

La vista oral y pública del juicio ante la sala de lo penal de la Audiencia Nacional se celebró entre el 18 y 26 de febrero de 1980. Fueron días de tensión, de voces de jóvenes exaltados mostrando su solidaridad con los culpables y faltando el respeto a las víctimas, de agresión con y sin palabras, y, lo más sangrante e importante, de acciones procesales sorprendentes, como que el juez instructor Gómez Chaparro - que provenía del Tribunal de Orden Público - concediese un permiso a uno de los implicados, Lerdo de Tejada, circunstancia que éste aprovechó para huir. Tras esta fuga, el asunto pasa al juez Barcala titular del Juzgado Central número 3 y las cosas se suceden con mayor normalidad y rapidez.

La sentencia del "Juicio de Atocha" se dicta el 29 de febrero de 1980 en estos términos:

José Fernández Cerrá, de 34 años, y Carlos García Juliá, de 24 , ambos miembros de FE de las JONS, son condenados, cada uno, a 193 años como autores de nueve asesinatos, cinco consumados y cuatro frustrados, y de tenencia ilícita de armas. Fueron los dos ejecutores materiales de la matanza. Leocadio Jiménez Caravaca, de 57 años, excombatiente de la División Azul y militante de FE de las JONS, fue absuelto de toda relación delictiva con la matanza de Atocha pero condenado a cuatro años, dos meses y un día por tenencia ilícita de armas.

Francisco Albadalejo, de 51 años, secretario del Sindicato Vertical del Transporte Privado de Madrid y vinculado a FE de las JONS. La sentencia dice que formaba parte del mismo grupo activista que Cerrá, García Juliá y Jiménez Caravaca y que gozaba de fuerte predicamento, ascendencia e influjo sobre los dos primeros. Después de la matanza, fue informado de lo sucedido por Cerrá y García Juliá. Ayudó a los autores de la misma, facilitó su huida e impidió la identificación de la pistola utilizada por García Juliá. Fue condenado a 73 años como inductor de un delito de asesinato, como encubridor de cuatro asesinatos consumados y cuatro frustrados y por un delito de tenencia ilícita de armas.

Gloria Herguedas, 24 años, novia de Cerrá y vinculada a FE de las JONS, fue absuelta de encubrir la matanza de Atocha pero condenada a un año por tenencia ilícita de armas.

Durante la instrucción sumarial falleció el procesado Ramón Simón Fernández Palacios, funcionario del antiguo Sindicato Vertical de Transportes de Madrid. El procesado Fernando Lerdo de Tejada no pudo ser juzgado por estar en situación de rebeldía tras fugarse aprovechando un permiso durante la Semana Santa de 1979.

No se pudo llegar más arriba del secretario del Sindicato Vertical del Transporte por mucho que lo intentó la acusación particular. Por diferentes motivos, entre otros, porque la instrucción del sumario fue más bien una destrucción y  porque eran momentos complicados. Aún así fue el primer juicio que se hizo al franquismo en este país y el primero en el que se condenaron a franquistas.

Memoria viva
Los sucesos de Atocha siempre han representado para Comisiones Obreras de Madrid unos acontecimientos que van más allá de una efemérides, una fecha en el calendario, los abogados de Atocha son una figura insertada en la sociedad y su recuerdo está cada vez más presente, son una memoria viva por lo que supusieron para alcanzar la libertad en este país.

Alejandro Ruiz-Huerta cree que los sucesos de Atocha han permanecido en el silencio mucho tiempo pero que poco a poco eso está cambiando. "La fuerza de nuestros compañeros de Comisiones Obreras, a los que les agradeceremos toda la vida lo cerca que han estado de nosotros, ha sido muy importante. Y es cierto que en los últimos años, numerosos ayuntamientos han recordado a los abogados de Atocha poniendo sus nombres en calles, plazas, polideportivos, áreas culturales, etc., la memoria se está extendiendo".

A pesar de ello, él considera que aún queda mucho por hacer. A su juicio, la gran mayoría de la gente "o no tiene ni idea de lo que fue Atocha o tiene una idea desvirtuada, tergiversada porque tenemos la desgracia de que la memoria de la transición no ha llegado de verdad a la gente y eso tenemos que solucionarlo porque una democracia no puede funcionar si no se conocen sus raíces y las raíces son la memoria".

La Fundación Abogados de Atocha de CCOO-Madrid brega a diario para explicar y recordar el significado de lo ocurrido en Atocha; lo tiene como misión perenne: "Nos parece que es fundamental que los más jóvenes, que han nacido en libertad y que nunca podrán imaginar lo que es una situación privada de ella, conozcan aquello. No hay ningún ánimo de volver al pasado eternamente, ni nostalgia, ni romanticismo. Estamos convencidos de que si somos capaces de transmitir lo que cuesta la libertad, nuestros jóvenes estarán en mejores condiciones de entenderla, respetarla y defenderla".

En su recuerdo
A lo largo de los años han sido numerosos los homenajes en recuerdo de las víctimas de Atocha. Comisiones Obreras siempre estuvo en la cabeza de los actos y reconocimientos. Es de destacar la creación de la Fundación Abogados de Atocha (2004) y dando su nombre al Centro de Empleo y Formación de CCOO de Madrid, situado en la calle Sebastián Herrera, 14.

En 2007, en recuerdo a los ausentes se adoptó como lema las palabras de Paul Éluard …"si el eco de su voz se debilita, pereceremos".

Pero estos homenajes de CCOO-Madrid son sólo una muestra de los rendidos. El Estado español les ha concedido la Gran Cruz de la Real Orden de Reconocimiento Civil a las Víctimas del Terrorismo y la Gran Cruz de San Raimundo de Peñafort, la más alta distinción que se da en la Judicatura; la Comunidad de Madrid les otorgó la Primera Distinción a la Tolerancia que se concedía. Además, en estos momentos, 25 municipios madrileños y muchos más en toda España tienen alguna calle, parque, plaza o edificio público que lleva el nombre de los Abogados de Atocha o de alguno de sus integrantes.

Continuando con este amplio reconocimiento y después de muchos años de reivindicación sindical (CCOO) y política (IU y PSOE), el Ayuntamiento de Madrid erigió en 2003 un grupo escultórico en la Glorieta de Antón Martín, a escasos 30 metros del número 55 de la calle de Atocha, que representa "El abrazo” del artista valenciano Juan Genovés. Este monumento es una recreación tridimensional del cuadro del mismo nombre que el autor pintó para simbolizar la amnistía, una de las principales demandas durante la Transición.

A grandes rasgos y en síntesis ésta es la historia de los Abogados de Atocha.
anexo (1)
Fuente del texto: fundacionabogadosdeatocha 

¡Gracias por leerme!

miércoles, 22 de enero de 2020

“Domingo sangriento”

A 114 años de una matanza que empezó por culpa del punto y coma. 
Sucedió en San Petersburgo el 22 de enero de 1905. Ese día, 1200 trabajadores, que manifestaban pacíficamente fueron reprimidos por la Guardia Imperial rusa. Hubo 200 muertos y 800 heridos.

Sangre en la nieve - 22 de enero de 1905

Tal día como hoy de 1905, la violencia y la muerte se apoderaron de la capital del Imperio Ruso, San Petersburgo. Ese frío domingo una multitud de 200.000 personas se manifestó por las grandes avenidas de la ciudad en dirección al Palacio de Invierno, residencia del zar Nicolás II.

La multitud avanzaba portando iconos y entonando el «Dios salve al zar». Estaban liderados por Gueorgui Gapón, un sacerdote que llevaba meses trabajando con los obreros y desfavorecidos bajo supervisión de la policía. El propósito de los manifestantes era entregar al monarca un escrito en el que le exponían los padecimientos del pueblo.

Nunca lograron su objetivo. La Ojrana (policía secreta zarista) había recibido información anticipadamente. Los manifestantes recibieron por respuesta varias cargas de caballería y a continuación el fuego de la infantería. Todavía hoy se discute el número exacto de víctimas de la masacre. El hecho fue la chispa que encendió la revolución de 1905.


9 de enero de 1905: el “domingo sangriento” que inició la revolución

El 9 de enero (22 según el calendario actual) de 1905, una manifestación que fue reprimida por el zarismo fue el "ensayo general" de la Revolución Rusa de Octubre de 1917.



La manifestación de 140.000 mujeres, hombres y niños en su mayoría campesinos se dio en San Petersbugo, en el imperio ruso de los zares, encabezada por el cura Gapón y levantando íconos religiosos y retratos del zar, llevaba una declaración a las puertas del Palacio de Invierno, donde le suplicaban al “padrecito zar” una serie de reclamos económicos y otros democráticos, dado que estaban atravesando una tremenda miseria y represión en el país. La represión a los manifestantes desarmados dejó un tendal de cientos de muertos y miles de heridos, pasando a la historia como “el domingo sangriento”. 


El pope Gapón en una asamblea de obreros 


Dibujo de la manifestación del 9 de enero

La marcha fue precedida por un movimiento de huelgas que, sobre todo desde 1903, venía desarrollándose en todo el país. Un movimiento obrero joven, que provenía en su mayor parte del campo, pero que venía realizando una “gimnasia” huelguística enfrentando a los patrones explotadores y la represión policial. Mientras, los burgueses e intelectuales llamaban a confiar en las negociaciones con el zarismo, que les prometía la formación de una Duma (especie de parlamento).

En febrero de 1904, Rusia invade Port Arthur, iniciando la guerra ruso-japonesa que terminará con su derrota en marzo de 1905. En Bakú, en 1904, los petroleros ya habían empezado a exigir libertad de prensa y de asambleas obreras y la convocatoria a una Asamblea Constituyente, terminar con la guerra ruso-japonesa y por la jornada de 8 hs. Organizaron una huelga general que consiguió la primera convención colectiva. El 3 de enero de 1905 estalló la huelga en la gran fábrica Putilov. El 8 de enero se produjo una huelga general en San Petersburgo.


Obreros de la fábrica Putilov en 1905

La importancia del 9 de enero

La masacre del 9 fue un punto de inflexión para la fe que aún mantenía el campesinado en el zar. Por eso las masas, al principio, confiaron en la dirección del cura Gapón (impulsado por la burguesía). Pero la matanza destruyó esa confianza. Ya no servía suplicar ni tratar de convencer al zar. Y los burgueses estaban temerosos de las acciones de las masas. El proletariado era el único que demostraba su fuerza y consecuencia.

Para Trotsky (que estaba tratando de volver de su exilio), “El verdadero actor fue el proletariado. Comienza por una huelga, se unifica, formula exigencias políticas, sale a la calle, atrae hacia sí todas las simpatías, choca con la fuerza armada y abre la Revolución Rusa” (1905, “El 9 de enero”). Para Lenin: “reveló la agonía de la fe secular del campesinado en “el padrecito zar” y el nacimiento de un pueblo revolucionario encarnado en el proletariado urbano. (…)

La última década del movimiento obrero produjo miles de proletarios socialdemócratas de vanguardia que rompieron con esa fe, plenamente concientes de lo que hacían. Educó a decenas de miles de obreros en quienes el instinto de clase, fortalecido en la lucha huelguística y en la agitación política, minó todos los fundamentos de semejante fe”. (1905, “El ‘padrecito zar’ y las barricadas”)


Fotograma del film Nueve de enero de Vyacheslov Viskovsky (1925)

Abierta la dinámica de la revolución con el “domingo sangriento”, esta continuará con su período de auge obrero entre octubre y diciembre de 1905, hasta su derrota, el 19 de diciembre de 1905. Fue un ensayo general donde se delinearon los actores, las instituciones y sus interrelaciones, que se mostrarían plenamente en Febrero y Octubre de 1917.

Se bosquejaron las respuestas a muchas de las incógnitas y debates que cruzaron al movimiento obrero revolucionario sobre la cuestión de la toma del poder: el desarrollo de los soviets (consejos) como la organización más democrática de lucha que se podían dar las masas (“embriones de un gobierno revolucionario para la conquista del poder” para Trotsky; “el embrión del gobierno provisional revolucionario” para Lenin). 

La huelga general política como método específico del movimiento obrero con el objetivo de paralizar la economía y desorganizar el poder del Estado, será otro de los grandes aportes de esta revolución; la necesidad de la alianza con los campesinos, los estudiantes y las nacionalidades oprimidas y el rol de las consignas democráticas en función de esta tarea; las barricadas y la formación de las milicias armadas y la política para quebrar y ganar sectores de la armada (en particular el levantamiento del acorazado Potemkin y el papel de los bolchequives dentro de él) y el ejército; el ejercicio de la libertad de prensa y en especial de la prensa obrera; la relación entre los soviets y los sindicatos y el partido; la relación entre la lucha económica, la política parlamentaria (o seudo parlamentaria en el caso de Rusia) y la lucha revolucionaria; la visualización de los sectores estratégicos para desorganizar el poder (que en el caso de Rusia eran los correos y telégrafos y ferroviarios).


Tren saboteado por los trabajadores en una huelga ferroviaria

Un “laboratorio” del pensamiento político ruso

Como plantea Trotsky: “La Revolución de 1905 no fue sólo el ensayo general de 1917 sino también el laboratorio del cual salieron todos los agrupamientos fundamentales del pensamiento político ruso, donde se conformaron o delinearon todas las tendencias y matices del marxismo ruso”.

Tendencias y matices que se dieron alrededor del carácter del Estado ruso, del carácter de la revolución y del rol que las clases tendrían en ella en Rusia, discusión que luego se plantearía a nivel internacional. Antes de los acontecimientos de 1905, Trotsky había roto con los mencheviques (la minoría del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso, POSDR) por su posición frente al rol de los burgueses “liberales” y de la clase media intelectual en la lucha contra el zarismo.

Mientras los mencheviques proclamaban la conciliación con estos últimos, Trotsky sostenía: “La solución sólo puede venir de una huelga general, seguida necesariamente del levantamiento del proletariado, que se pondrá a la cabeza del pueblo contra el liberalismo”.

Trotsky y Lenin coincidían en esta oposición irreconciliable. Frente a la Revolución de 1905, sus coincidencias crecieron, teniendo una visión común del surgimiento y rol de los soviets y de la huelga general como método revolucionario para la insurrección. Las diferencias entre Lenin y Trotsky en esos años giraban esencialmente alrededor del papel del campesinado en la revolución, el cual para Trotsky no podía cumplir un rol independiente sino que debía ser acaudillado por el proletariado, lo que fue confirmado por el posterior desarrollo de los acontecimientos.

Las polémicas de este período alrededor de la revolución rusa dieron origen, un año antes de la Revolución de 1905, a las formulaciones iniciales de la “teoría de la revolución permanente” de Trotsky, expresada cabalmente por primera vez en su libro Resultados y perspectivas (1906).

Por otro lado, Trotsky evaluaba equivocadamente las profundas diferencias entre mencheviques y bolcheviques (la mayoría del POSDR), con relación a qué partido era necesario para la revolución. Aunque durante 1905 tendieron a la intervención común y que al término de la revolución votaron unificarse como partido (hasta 1912), las diferencias fueron cada vez más abiertas alrededor del balance de la revolución pasada y su dinámica. Trotsky no coincidía entonces con las concepciones de partido de Lenin, posición que cambiaría en la práctica frente a las Revoluciones de 1917, momento que marcaría la confluencia entre los dos principales dirigentes de la Revolución Rusa.

La Revolución de 1905 fue parte e impulsora de un ascenso en el movimiento obrero internacional tanto en los países imperialistas como en las colonias. Así sucedió en Alemania, Bélgica, Rumania, India, China. En muchos casos, como respuesta a estas luchas, las burguesías imperialistas se vieron obligadas a otorgar importantes concesiones democráticas.

En EE.UU., la radicalización de sectores del movimiento obrero dio lugar ese mismo año a la organización del sindicalismo combativo, con la fundación de los I.W.W. Desde ese país, los socialistas, entre ellos el reconocido escritor Jack London, llamaron a la II Internacional a la realización de una manifestación y a la solidaridad activa internacional con la Revolución Rusa.



Fuente del texto: laizquierdadiario 

¡Gracias por leerme!

martes, 21 de enero de 2020

Efemérides del 21 de enero



Luis XVI. Hoy 21 de Enero 1793 muere en la guillotina Luis XVI 

El 21 de junio de 1791, Luis intentó huir de París a la actual Bélgica con su familia. Sin embargo, fallos en la planificación de la huida causaron el suficiente retraso para que pudieran ser identificados y capturados en Varennes. Supuestamente, Luis fue capturado mientras estaba comprando en una tienda, en la que su dependiente le reconoció por su cara inscrita en las monedas con las que pagó.

Luis fue trasladado de vuelta a París, donde continuó como Rey constitucional, aunque bajo arresto domiciliario hasta 1792. El proceso contra Luis comenzó el 1 de diciembre de 1792, bajo cargos de alta traición. Fue sentenciado a muerte en la guillotina el 21 de enero de 1793, por 361 votos a favor 288 en contra y 72 abstenciones. Despojado de todos sus títulos por el gobierno republicano, el Ciudadano Luis de Borbón, llamado así por los revolucionarios para quitarle su rango de rey, fue guillotinado frente a una multitud embravecida.


El misterio de la fimosis de Luis XVI: la tragedia del Rey que acabó sin cabeza

Siete años tardó en consumarse el matrimonio entre Luis XVI y María Antonieta debido a lo que, en principio, parecía un problema médico. El nulo interés del Monarca por el sexo añadió confusión a un asunto que despertó las coplas más crueles en las calles de París.


Lento de cuerpo y espeso de encantos, Luis XVI resultó ser una excepción en lo concerniente al sexo dentro de la Familia Real francesa. Los muros de Versalles habían visto toda clase de fórmulas sexuales –trios, orgias, predilección por las menores de edad y un sinfín de perversiones– durante los reinados de Enrique IV, Luis XIV o Luis XV, hasta que el heredero encarnó la castidad en el viejo palacio parisino. ¿Por qué había despedido de repente el deseo y el libertinaje de aquella «pequeña Sodoma»?

En el libro « Una historia erótica de Versalles » (Una historia erótica de Versalles), Michel Vergé-Franceschi Anna Moretti repasa la agitada vida privada que aconteció en este palacio entre los siglos XVII, XVIII y XIX, finalizando su relato con la extraña calma que trajó Luis Augusto, el futuro Luis XVI, un hombre cuyo poco interés por el sexo ha suscitado numerosas teorías.

Los primeros murmullos surgieron tras su boda el 16 de mayo de 1770 con María Antonieta, Archiduquesa de Austria, cuando la ceremonia fue seguida de una tediosa noche sin sexo. «Decían que había dormido muy bien», anotó en su diario la Duquesa de Northumberland. Sin más noticias. La pareja de 17 años, que dormía en habitaciones separadas, parecía a juicio de los libertinos empleados de Versalles un matrimonio de ancianos. Y, tras ocho semanas como esposo y esposa, el Conde de Fuentes, embajador de España, informó a su Corte que el matrimonio del Delfín con María Antonieta seguía sin consumarse.

El abuelo examina de cerca el problema

La descendencia del Rey y de su sucesor siempre resulta un asunto de Estado para cualquier Monarquía, pero no hubiera sido algo realmente urgente si el abuelo de la criatura, Luis XV, no hubiera sido un crápula de manual. El Rey había inaugurado su matrimonio con la polaca María Leszczynska con una fiebre erótica desatada que, aún en su vejez, seguía latente en su obsesión por las quinceañeras. Al conocer la timidez de su nieto y heredero, Luis XV tomó inmediatamente cartas en el asunto y escribió al Príncipe pidiéndole que consumara el matrimonio como fuera.

Él, volcado en comer, cazar y holgazanear, reafirmó su pasión por ella y se justificó en que hasta que se trasladaran a Compiègne, al norte de Francia, no podrían iniciar su vida íntima

La austriaca María Antonieta, una mujer caprichosa que trataba de adaptarse a Francia, también interrogó a su marido sobre el problema que le impedía mantener relaciones sexuales. Él, volcado en comer, cazar y holgazanear, reafirmó su pasión por ella y se justificó en que hasta que se trasladaran a Compiègne, al norte de Francia, no podrían iniciar su vida íntima. Una respuesta que ni convenció a María Antonieta ni a su madre, María Teresa, que desde Viena consultó a su médico de cabecera un posible remedio cuando en Compiègne se mantuvo la apatía.

Pero, ¿un remedio a qué? Parece que ni siquiera el interesado lo sabía exactamente. El 18 de julio de 1770, el cirujano real La Martinière sangró al Delfín a causa de un resfriado que empeoraba a cada día y, a requerimiento del futuro Luis XVI, le hizo un reconocimiento completo. Sin hallar ningún impedimento físico, la pareja empezó a dormir junta y meses después se produjo un encuentro sexual que, a decir el historiador Jacob-Nicolas Moreau, fracasó porque «el sexo de Monseñor no entraba en el de Madame la Delfina».

Desde Viena, María Teresa recibió un informe que aconsejaba, cuando ya habían pasado veinte meses sin consumar, que el Delfín se sumergiera en «baños medicinales seguidos de una pequeña operación muy ligera que se presume muy necesaria para eliminar obstáculos a la consumación del matrimonio del príncipe».

Frente a los que especulaban hasta entonces con un retraso de la pubertad, un embotamiento de las funciones glandulares, una diabetes o un síndrome adiposogenital, los pajaritos de la Archiduquesa señalaron con claridad que la cuestión pasaba por algún problema de frenillo o de fimosis.

Para resolver el misterio por completo, Luis XV convocó en octubre de 1772 a los jóvenes y, en una reunión privada, él mismo examinó los genitales de su nieto, con el buen pronóstico de que el problema no necesitaba siquiera operación según su criterio.

Desde entonces el rumor «oficial» que corrió entre el pueblo era que una malformación congénita obligaba al Príncipe a «moderar sus impulsos» porque el dolor es muy vivo y muy violento. Una chanza que se popularizó especialmente tras la muerte del abuelo dos años después a causa de la viruela. El miembro viril de Luis XVI, Rey de Francia, provocó así en París «una epidemia de coplas satíricas»:
  • «Todo el mundo se pregunta por lo bajo: / ¿El Rey puede o no puede? La triste Reina pierde la esperanza. / Uno dice que no puede empalmarse, / El otro que no puede entrar en ella, / Que la tiene como una flauta travesera./ El problema no es ese, / Anuncia gravemente Mamamouchi,/ Sino que solo le sale agua clara».
No era «impotente, sino indolente»

Cuatro años después de la boda, los escasos avances a la hora de practicar sexo motivaron que varios médicos aconsejaran una intervención quirúrgica, a pesar de lo cual Luis XVI se negó por miedo al dolor o a sufrir una infección. María Antonieta, sin embargo, sabía ya a esas alturas que su marido, aparte de la posible fimosis, no era «impotente, sino indolente». El sexo no le interesaba nada comparado con cazar. Prefería seguir sin relaciones antes de arriesgarse a los dolores y riesgos de un operación. Incluso había quién creía que bastaba con que hiciera un esfuerzo durante el coito para evitar la operación:

«Unos dicen que el frenillo comprime de tal forma el prepucio que este se afloja en el momento de la penetración y le produce un dolor tan intenso que obliga a su majestad a moderar el impulso necesario para la culminación del acto. Otros presumen que dicho prepucio es tan adherente que no se puede aflojar lo suficiente para permitir la salida de la extremidad peniana, lo que impide que se produzca una erección completa.

Si se trata del primer caso, es algo que les sucede a muchas personas por lo general en los primeros intentos; pero como esas personas tienen mejor apetito carnal que su majestad, a causa de su temperamento o de su inexperiencia, con el calor de la pasión, un gemido y buena voluntad, el frenillo se rompe en su totalidad, o al menos lo bastante para continuar...», explica en una carta el Conde de Aranda, otro de los nobles mejor informados de Europa.

Ilustración del asalto a la prisión de la Bastilla

En resumen, que el problema sexual del Rey pasaba por su falta de pasión y un problema genital sin gran importancia que, al no haber sido operado antes, ahora podía derivar en una dolorosa circuncisión. O, al menos, ese fue el diagnóstico para explicar que los Reyes siguieran siendo vírgenes durante siete años. Hubo que esperar hasta que, el 15 de enero de 1776, el afamado cirujano Jacques-Louis Moreau descartó definitivamente la operación y opinó que lo más probable es que el problema se solucionaría cuando normalizara su vida sexo.

Sin la sombra (excusas) de la cirugía, las siguientes intentonas de consumar rozaron lo cómico. Pocos meses después, el Emperador de Austria José II escribió en una carta que el Rey de Francia en su «lecho conyugal tiene erecciones muy condicionadas, introduce el miembro, permanece ahí sin moverse durante quizá dos minutos, se retira sin jamás correrse, aún empalmado, y da las buenas noches. [...] Y está feliz, diciendo lisa y llanamente que solo lo ha hecho por deber ¡y que no le encuentra gusto alguno!». No sin culpar a su hermana por falta de carácter, el austriaco se prometió dar una paliza al Monarca en caso de encontrarse con él de aquella guisa.

 «Y está feliz, diciendo lisa y llanamente que solo lo ha hecho por deber ¡y que no le encuentra gusto alguno!»

Así las cosas, en el verano de 1777 Luis XVI se cayó del caballo como San Pablo. Vio la luz: «Me gusta mucho el placer, lamento no haberlo conocido durante tanto tiempo», escribió a sus tías. Según el diplomático belga Mercy d’Argenteau, la pareja eligió como Día-D para consumar al fin su matrimonio, siete años después, la fecha del 18 de agosto, cuando el Rey visitó a la Reina a la salida del baño.

«Estoy muy feliz. Hace ocho días que el matrimonio está totalmente consumado. La prueba se ha repetido y ayer incluso de una forma más completa que la primera vez… No creo que esté todavía embarazada, pero al menos tengo la esperanza de poder estar de un momento a otro», relata una emocionada María Antonieta a su madre.
  • En un ambiente pre revolucionario, la impopular Reina dio a luz en Versalles a su primera hija a finales de ese mismo año. En 1781, nació el Delfín; en 1785, otra hija y en 1786 el futuro Luis XVII. Cuando faltaban tres años para el estallido de la Revolución, Luis XVI cerró con su numerosa familia la ventana a una de las tragedias de su vida y abrió la puerta a la que iba a conducirle hasta la guillotina. La escandalosa vida de la Familia Real no hizo si no echar más leña al descontento del pueblo.
Fuente del texto: abc.es/historia 

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