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sábado, 8 de febrero de 2020

La desbandá: El genocidio de la carretera Málaga-Almería (febrero de 1937)

80 aniversario: La carretera Málaga-Almería, la masacre silenciada de la Guerra Civil


La tarde del 7 de febrero de 1937 hace 80 años, Málaga capital se quedó vacía. Una inmensa columna de personas presa del miedo huía por el litoral ante la inminente entrada de los nacionales. Fueron bombardeados por mar y aire en el éxodo más cruento de la contienda.

Documental la carretera de la muerte. (5 Documentales)

7 de febrero, domingo de Carnaval: La huida


La masacre de la carretera Málaga-Almería (febrero 1937)

Esta entrada está dedicado a mi abuela Lola (sí, la de las croquetas) porque ella siendo una niña vivió estos dramáticos sucesos que a día de hoy todavía recuerda… y a todos los que murieron y sobrevivieron a la carretera de Málaga-Almería…

Entre el 6 y 8 de febrero de 1937, se produjo en Málaga la «Desbandá», entre 100.000 y 150.000 personas salieron con lo puesto, a pie en su mayoría, y en burro o vehículo los más afortunados, dirección Almería. Fueron los protagonistas del mayor éxodo de la Guerra Civil.

Pero, ¿qué provoca que una gran parte de la población de una ciudad recoja lo que pueda y se lance a pie a una aventura tan incierta como peligrosa? Es algo que siempre me he preguntado. Por eso he estado investigando un poco y sólo hay una respuesta, el instinto de supervivencia, pero sobre todo el PÁNICO COLECTIVO.

Los antecedentes son los de siempre, comunes a todos los sucesos de la Guerra Civil. Tras el golpe de estado del 18 de julio de 1936, en Andalucía, sólo Almería, Jaén y Málaga siguieron leales al Gobierno legítimo de la República.

Malagueños pidiendo armas en el Palacio de la Aduana contra el golpe de estado

Tras el fracaso de los golpistas, Málaga se convierte en objetivo prioritario para Franco (Batalla de Málaga), más que por su importancia estratégica, sino como su importancia moral. Desde agosto Málaga se ve sometida a intensos bombardeos provocando decenas de muertos.

El caldo de cultivo de ese pánico colectivo empieza cuando entre agosto y septiembre de 1936 caen las zonas de Archidona, Antequera y Ronda. Es entonces cuando comienzan a llegar a la capital los primeros refugiados (unos 35.000), los cuales traen noticias aterradoras de la caída de sus ciudades y pueblos, haciendo especial alusión al Tercio de Regulares, a los cuales les atribuyen saqueos y asesinatos.

Con estas noticias recorriendo Málaga, el general fascista Gonzalo Queipo de Llano, desde Radio Sevilla, comienza una guerra psicológica contra la población civil, no sólo habla de los avances de ejército fascista sino que profiere a la población de las zonas republicana toda clase de advertencias y amenazas.

En una de estas «charlas» decía así: “Nuestros valientes Legionarios y Regulares han demostrado a los rojos cobardes lo que significa ser hombre de verdad. Y, a la vez, a sus mujeres. Esto es totalmente justificado porque estas comunistas y anarquistas predican el amor libre. Ahora por lo menos sabrán lo que son hombres de verdad y no milicianos maricones. No se van a librar por mucho que berreen y pataleen”.

Aviones franquistas sobre Málaga

Las experiencias contadas por los refugiados unidas a las alocuciones de Queipo de Llano hacen que Málaga se suma en un ambiente de terror ante la llegada inminente de las tropas fascistas.

A finales de 1936 la única vía de escape de la capital hacia zona republicana era la carretera de Almería. La defensa de Málaga estaba compuesta por 12.000 efectivos mal organizados y peor equipados, abandonados a su suerte por el Gobierno de la República que dio por perdida la ciudad, en su mayoría eran campesinos y milicianos voluntarios repartidos por la provincia, frente a un ejército fascista de 19.000 soldados bien instruidos y equipados, 10.000 regulares del Tercio de Marruecos más 10.000 italianos de las Corpo Truppe Volontarie de Mussolini.

El domingo 7 de febrero la artillería ya está a las puertas de la Capital y la población entra en pánico. Es cuando empieza la «desbandá»:

Unos huyen por su implicación en los sangrientos desmanes de los días posteriores al golpe de estado, otros por su implicación política o sindical, pero la mayoría lo hace porque ¡todo el mundo se va! y porque el pánico se había instalado en la conciencia colectiva. Es un efecto dominó sin precedentes.

El 7 de febrero por la tarde, los barrios populares se quedan vacíos y la caravana se reúne en el Paseo del Parque y toma dirección El Palo y Rincón de la Victoria. Aunque no hay cifras oficiales se estima que la cifra oscilaba entre 100.000 y 150.000 personas.

Refugiados malagueños en la carretera Málaga-Almería

Podemos hacernos una idea de lo que se vivió en aquel momento, por el libro «Dialogue with the death» del corresponsal del ‘Daily Worker’ (NYC), Arthur Koestler:

«Hacia las 2 de la tarde comienza el Éxodo desde Málaga. La carretera es un río de camiones, coches, mulas, carros, gentes asustadas que riñen entre ellas. Esta riada lo chupa y lo arrastra todo: civiles, milicianos desertores, el gobernador civil, algunos oficiales del Estado Mayor… Corren algunos extraños rumores por Málaga: que los rebeldes han ocupado ya Vélez, la siguiente población hacia el este, a unos 50 km; el río de refugiados se dirige a una trampa mortal. Según otro rumor, la carretera está todavía abierta, pero bajo el fuego de los barcos de guerra y de aviones que ametrallan a los refugiados. Nada, entonces, puede ya detener al río: fluye y fluye, y se alimenta sin cesar de los arroyos del miedo».

El domingo 8 de febrero se toma la ciudad.

Refugiados malagueños en la carretera Málaga-Almería A las 7:30 de la mañana entran las tropas fascistas por la carretera de Torremolinos y se encuentran con una ciudad semivacía, con los barrios obreros abandonados.

A las 9:30 entran en el puerto de Málaga los cañoneros Cánovas del Castillo y Canalejas



Al mediodía llegan las columnas italianas desde Antequera y Colmenar. A las 14:00 ya hay tropas desfilando por el Centro.

El mismo día 8 de febrero la marea de refugiados ya ha llegado a Torre del Mar, y allí se les unen los refugiados del interior. Aquí es cuando empiezan los bombardeos desde los buques Canarias, Baleares y Almirante Cervera y de la aviación alemana, la Luftwaffe. Queipo de Llano explica con una “broma” la decisión de bombardear a la población civil:

“A los tres cuartos de hora, un parte de nuestra aviación me comunicaba que grandes masas huían a todo correr hacia Motril. Para acompañarles en su huida y hacerles correr más aprisa, enviamos a nuestra aviación, que los bombardeó”

Con las bombas empieza el pánico, y la gente intenta refugiarse en las cunetas, rocas, o campos de caña de azúcar.


El diario británico «The Manchester Guardian» relató lo que estaba ocurriendo en la carretera de Almería:

«La evacuación de Málaga comenzó cuando la población supo de las dificultades de los frentes, pero nadie creyó que el éxodo voluntario iba a asumir el carácter de un cataclismo humano desconocido en la historia de Europa. Pronto se convirtió en una sangrienta realidad. El camino se tornó un infierno bombardeado por los barcos fascistas españoles y los aviones alemanes e italianos. (…) Pronto el camino quedó cubierto de muerte».
Refugiados malagueños en la carretera Málaga-Almería

Se fueron abandonando los enseres y los bultos. Cuando la comida empezó a faltar, la marea de refugiados arrasó los campos de caña de azúcar. Los pueblos por los que pasan se negaban a ayudarlos temerosos de las futuras represalias. Muchos de ellos murieron en las cunetas, otros muchos llegaron hambrientos y heridos a Almería.


Se estima que los bombardeos por mar y aire sobre la columna de refugiados provocaron entre 3.000 y 5.000 muertos, la mayoría civiles.

Para que nos hagamos una idea, el 26 de abril de 1937, en Guernika, la Legión Cóndor mató a 126 personas según los documentos más recientes. En la Masacre de Srebrenica murieron unos 8000…

Las únicas imágenes que tenemos de la “desbandá” son del médico canadiense Norman Bethune (1899-1939) y sus ayudantes Hazen Size y Thomas Worsley.

Era un famoso cirujano pulmonar que impactado por las noticias sobre la Guerra Civil, abandona su puesto y se une a las Brigadas Internacionales como voluntario sanitario. Estando en Madrid, le llegan noticias de la caída de Málaga y del masivo éxodo, y decide partir para Almería para socorrer a los refugiados. Llega el 10 de febrero a Almería y se dirige con su ambulancia dirección Málaga para socorrer a los refugiados.

Lo que vio lo relata de esta manera en su libro “El crimen de la carretera Málaga-Almería”:

“Una muchedumbre de personas y animales ocupaba todo el ancho de la carretera… La llanura se extendía tan lejos como la vista podía alcanzar y por ella serpenteaba una hilera de 30 kilómetros de seres humanos, como un gusano gigantesco con innumerables pies que levanta una nube de polvo que se extendía hasta más allá del horizonte. (…) Yacían hambrientos en los campos, atenazados, moviéndose solamente para mordisquear alguna hierba. Sedientos, descansando sobre las rocas o vagando temblorosos sin rumbo (…) Los muertos estaban esparcidos entre los enfermos con los ojos abiertos al sol”.

Impactado por lo que vio, vació la ambulancia y la utilizó para transportar a los refugiados durante cuatro días:

“Resolvimos regresar para dedicarnos a transportar a los más desvalidos… Descargamos el equipo y las existencias de sangre (…) Después abrimos las puertas traseras. Se podía ver la excitación en los rostros de los refugiados. Todos esperaban, pero sin saber si tendrían posibilidades. Una multitud de padres y madres se apretó alrededor del coche. Decidimos transportar a las familias que tuviesen más niños y a los niños sin padres, que eran incontables. Llevábamos a 30 ó 40 personas en cada viaje”.

Todo lo que vivió esos cuatro días lo plasmo en sus diarios y describió la tragedia como “la más grande y terrible evacuación de una ciudad en los tiempos actuales”. Aquellos que se dieron la vuelta y volvieron a Málaga sufrieron la brutal represión de Queipo de Llano, que ríete tú de la Masacre de Badajoz.

Refugiados volviendo a Málaga

Entre 1937 y 1940 se calcula que fusilaron a unas 20.000 personas, miles de ellas se encuentran en las fosas comunes del Cementerio de San Rafael, donde se estima que hay enterrados más de 4.000 cadáveres (se han rescatado 2.800 cuerpos) y están consideradas como unas de las mayores de Europa…

Fernando Arcas, profesor titular de Historia Contemporánea de la Universidad de Málaga, considera la «desbandá» un preludio de las grandes persecuciones humanas y los genocidios que sacudieron el siglo XX.

Es autor del documental «Yo estaba allí» donde recoge testimonios de la Guerra Civil y la represión franquista en Málaga. Hasta mediados de los ochenta poco se supo de este Guernika andaluz. Los franquistas querían olvidar el suceso y los republicanos se sentían avergonzados por haber abandonado a su suerte a Málaga y a su población.

Fuente del texto: ateneorepublicanodelasrozas 

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viernes, 27 de diciembre de 2019

'Rosario la Dinamitera', la miliciana comunista que inspiró a Miguel Hernández


La mano que fundía leones: la estanquera dinamitera

Rosario la «dinamitera» terminó sus días como estanquera en Vallecas. Miguel Hernández le dedicó un poema y Ortega y Gasset se emocionó al conocerla. Perdió la mano derecha al explotarle un artefacto explosivo combatiendo el fascismo

Durante años, en pleno centro de Madrid, en la plaza de Cibeles, vendió tabaco de contrabando y también cajetillas de cerillas. También en el proletario barrio de Vallecas, donde regentó un pequeño estanco en la calle Peña Prieta. Muchos la conocían porque era una mujer lisiada a la que le faltaba una mano.

Casi todos desconocían su historia, que había decidido guardar para tiempos mejores, con el final de una dictadura que detestaba. Había logrado salvar su vida, evitando ser fusilada, pero fue condenada a treinta años de prisión. Su nombre viajaba en un verso. 

La llamaban Rosa, Rosario, y había sido la dinamitera del poema de Miguel Hernández, que la conoció en tiempos de combate y dedicó su poemario Vientos del pueblo (1936-1937): «Rosario, dinamitera, / sobre tu mano bonita / celaba la dinamita / sus atributos de fiera. / Nadie al mirarla creyera / que había en su corazón / una desesperación / de cristales, de metralla / ansiosa de una batalla, / sedienta de una explosión. / Era tu mano derecha, / capaz de fundir leones, / la flor de las municiones / y el anhelo de la mecha / ¡Bien conoció el enemigo / la mano de esta doncella, / que hoy no es mano porque de ella, / que ni un solo dedo agita, / se prendió la dinamita / y la convirtió en estrella!».

«Rosario fue hasta la calle San Bernardino, a su número 10, donde tenía instalada su sede la Juventud Socialista Unificada, y se alistó voluntaria para marchar a la línea del frente sin tener idea de manejar un arma»


ROSARIO FOTOGRAFIADA POR JOSÉ DÍAZ CASARIEGO
ROSARIO LA «DINAMITERA» ANTES DE SU ACCIDENTE

No contaba ni con la mayoría de edad cuando Rosario Sánchez Mora se sumó al levantamiento en armas ciudadano en aquel fatídico sábado del 18 de julio de 1936, cuando el país seguía con el corazón en el puño las noticias de una rebelión armada encabezada por militares facciosos que contaban con apoyo de tropas moras.

Al principio, la noticia no parecía resultar posible. Los golpes y asonadas eran frecuentes, pero también las falsas alarmas. Aquella no lo era. Había que vigilar los movimientos de los militares, el Cuartel de la Montaña, defender como fuese el Paseo de Extremadura.

Rosario fue hasta la calle San Bernardino, a su número 10, donde tenía instalada su sede la Juventud Socialista Unificada (lo mismo que los anarquistas marchaban en masa hasta la calle de la Luna, donde estaba su sede y, tras romper el candado que la había clausurado, repartieron armas y organizaron los Comités de Defensa).

Estaba situado a escasos metros de donde hoy se alza el edificio okupado del neonazi Hogar Social, y se alistó voluntaria para marchar a la línea del frente sin tener idea de manejar un arma. Una vez allí se puso a las órdenes de un miliciano que pronto se convirtió en santo y seña del antifascismo más mortífero, El Campesino, hombre hábil con las armas y la estrategia militar. La guerra, por momentos, era un tanto extraña.

El enemigo casi no se veía pero se escuchaba. No sabía ni tan siquiera disparar y, que sepamos, fue a la batalla sola. Días más tarde pasó a formar parte de una brigada que conllevaba evidentes peligros, la de explosivos. El material era precario, a lo sumo botes de leche condensada llenos de clavos con cristales y dinamita. Rosario sabía lo justo, lo que puede aprenderse rápido y corriendo.

El 15 de septiembre, mientras manipulaba un cartucho, este explotó reventándole su mano derecha. En el hospital, a punto de perder la vida, fue visitada por sus compañeros y por un filósofo ya famoso, Ortega y Gasset. No sabemos si le dijo eso de «Yo soy yo y mi circunstancia », pero conocerla le dejó impresionado. Rosario no había perdido la sonrisa ni la esperanza.

ROSARIO, SEGUNDA POR LA DERECHA, JUNTO A OTRAS MILICIANAS

  

LA ESTANQUERA DINAMITERA

La operación salvó su vida. Por decisión propia, quiso regresar al combate lo antes posible. Vitoreada por sus compañeros, pasó a formar parte del Comité de Agitación y Propaganda. Más tarde serviría de enlace, llevando la correspondencia y las misivas y comunicaciones entre los mandos republicanos.

Cuando todo se vino abajo, al igual que otras miles de personas, fue al peor lugar posible, a la encerrona de Alicante donde la detuvieron y encarcelaron. Pasó por varias prisiones. Conoció la infame cárcel de mujeres de Ventas. Su encierro duró tres años. Compartió celda, entre muchas otras, con María Purificación Gómez, primera alcaldesa de Galicia en la II República.

Tras lograr acceder a los beneficios penitenciarios franquistas, con unas cárceles a rebosar, se le conmutó por la pena de destierro. El escritor Carlos Fonseca le dedicó un libro, Rosario Dinamitera. Una mujer en el frente (Temas de Hoy, Madrid, 2006). Murió en abril de 2008 entre banderas republicanas y comunistas, pero antes dejó su propio testimonio de sus días como dinamitera:

ROSARIO, YA ANCIANA

«La sangre salía y salía, y yo solo tenía sueño, mucho sueño, solo quería dormir»

«Tras presentarme como miliciana voluntaria, el 20 de julio de 1936, me destinaron al frente de Buitrago, y allí me nombraron para trabajar en una rudimentaria fábrica de armas, en mitad de la primera línea de fuego. Esta fábrica se había montado en una casa destruida por las bombas y los morteros.

Nos nombraron la sección de dinamiteros, y la misión nuestra, a partir de esos momentos, fue la de fabricar bombas de mano, teniendo como envases los botes de leche condensada. Esta casa estaba entre Buitrago y Gascones. Todo era rotativo: la fabricación de bombas, las guardias, y las pruebas de las bombas. En la madrugada del día 15 de septiembre de 1936, estalló en mi mano derecha un cartucho de dinamita, arrancándola de cuajo.

Al parecer la mecha estaba húmeda (había llovido por la noche), pues, aunque todos los materiales estaban en el rincón de la casa que estaba a cubierto, algo había salpicado por los huecos, y había ablandando la mecha. Estábamos intentando hacer una descarga cerrada, colocados en una fila atravesada.

Yo estaba en la punta izquierda, de modo que mi brazo derecho rozaba al compañero que estaba a mi lado. Cuando me encendieron la mecha (se iba por orden), la mecha empezó a silbar. Alguien dijo: ¡tírala! Otro gritó ¡No la tires! Yo, con toda rapidez de reflejos, pensé que si la tiraba hacia adelante, podía salpicar la dinamita a los ojos de varios compañeros y a los míos.

Como mi brazo derecho, en cuya mano tenía el cartucho, estaba cerca de un compañero, pensé en darme la vuelta, y, aunque lo hice con toda rapidez, no fue lo suficiente, y, antes de que me diera tiempo a soltarla ¡estalló! Recuerdo que no lloré, ni grité. Aún, en esos gravísimos momentos, La Chacha —como así me apodaban— quería dejar muy claro que, la mujer, sabía y podía luchar y morir por defender sus libertades, por todas las que amparaba la Constitución Republicana.

Esto ocurrió después de luchar varias semanas con los dinamiteros. Por allí no había ni una camilla, ni sanitarios, y el botiquín más cercano estaba en el pueblo de Buitrago. Con los gritos de los compañeros habían venido luchadores que debían de estar cerca de nosotros, pero que nos eran desconocidos, al menos para mí.

Uno de ellos, de unos 30 o 35 años, de mucha estatura y anchas espaldas, se atrancó las cintas de las alpargatas, y me ató fuertemente el brazo por dos sitios, por encima y por debajo del codo, y me cogió en brazos, ya casi sin conocimiento, pues, cuando me veía caer después de la explosión, primero me senté en el suelo, y luego me tumbé. La sangre salía y salía, y yo solo tenía sueño, mucho sueño, solo quería dormir, pero gracias a este compañero (que me salvó la vida) sigo viviendo.

Buscó una carretera, se puso en la mitad conmigo en brazos, y paró un coche que pasaba hacia Buitrago. En el botiquín me hicieron la primera cura, y me pusieron la inyección antitetánica y la anticangrenosa, y, rápidamente, avisaron a una ambulancia para que me llevara al pueblo de La Cabrera donde habían instalado un hospital de sangre de la Cruz Roja.

Varias personalidades se ocuparon de interesarse por mi salud. Francisco Galán, dos veces al día, pedía al hospital informes de mis heridas. Hubo varias llamadas de jefes y oficiales de aquella zona preguntando a los médicos por mí, y el primer día y el segundo fue a visitarme Ortega y Gasset, y este fue el que se lo comunicó a mi padre, personalmente, en el pueblo.

La misma noche del segundo día se presentaron en el hospital en que yo me encontraba, mi padre, mi madre, y tres personas de mi pueblo. Los médicos salieron al encuentro de mi padre para prevenirle de lo grave que estaba, pero que no se asustara, que había alguna esperanza dada la fuerza de mi naturaleza. Mi padre les dijo: “Tengo 5 hijos. Si todos pierden la mano por lo que la ha perdido esta, bien perdida está”».


POEMA

Rosario, dinamitera,
sobre tu mano bonita
celaba la dinamita
sus atributos de fiera.
Nadie al mirarla creyera
que había en su corazón

Miguel Hernández

Fuente del texto: agenteprovocador

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domingo, 1 de diciembre de 2019

El Ayuntamiento de Madrid retira el memorial de la Almudena a víctimas del franquismo entre críticas de la oposición

1) Promete unificar el reconocimiento a víctimas de ambos bandos en base a lo dictado por el Comisionado de Memoria Histórica 
2) Las imágenes de las placas con nombres rotas en el suelo indigna a distintos colectivos y ya hay una denuncia ante la Fiscalía


El Ayuntamiento de Madrid ha retirado las placas con nombres de víctimas del franquismo del Memorial de la Almudena que puso en marcha el gobierno municipal anterior y que el alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida, paralizó en octubre antes de que fuera terminado.

El objetivo, dice el Consistorio, es el de "unificar el reconocimiento a las víctimas de ambos bandos" durante la Guerra Civil en cumplimiento de lo dictado por el Comisionado de la Memoria Histórica, un organismo creado en 2016 y disuelto el año pasado. El gesto ha indignado a la oposición y a colectivos y asociaciones de memoria histórica, habiéndose presentado ya ante la Fiscalía una denuncia por parte de una de estas organizaciones.

Fuentes municipales han informado a Europa Press de que ya se frenó la instalación del memorial en homenaje a los fusilados entre 1939 y 1945 de La Almudena "por no cumplir con el acuerdo del Comisionado de Memoria Histórica" puesto que "el monumento que se había planeado por el anterior equipo de Gobierno no seguía las premisas de imparcialidad dadas por el Comisionado y era contrario a sus recomendaciones".

En este punto han incidido en que el Comisionado recomendaba que no figurasen nombres en la placa. Ahora se va a unificar "el reconocimiento a las víctimas de ambos bandos".

"Para evitar, en aras de una mayor pacificación social, la producción de nuevos agravios al tratar de evitar otros, una sociedad democrática tiene obligación de honrar a todas las víctimas, sean del periodo bélico republicano o del periodo franquista", afirmaba el Comisionado.

Así, el memorial de la Almudena rendirá homenaje a "todas las víctimas" entre 1936 y 1944, pues "en ambos bandos hay heridas e igual de profundas", y tendrá la siguiente leyenda: 'El pueblo de Madrid a todos los madrileños que del 36 al 44 sufrieron la violencia por razones políticas, ideológicas y religiosas. Paz, piedad y perdón'. 

Ante las críticas suscitadas, el presidente del pleno del Ayuntamiento de Madrid, Borja Fanjul, ha afirmado este martes que el Consistorio "no hará política con la Memoria Histórica", y ha asegurado que el Gobierno municipal hará un único memorial para homenajear a "todas" las víctimas de la Guerra Civil y la dictadura.

Los nombres de víctimas rotos en el suelo suscitan críticas

La imagen de las placas con los nombres de fusilados por el franquismo que ha difundido el edil socialista Ramón Silva que aparecen en el suelo, algunas rotas, ha indignado a la oposición y a distintos colectivos sociales.

Tanto el PSOE como Más Madrid han solicitado al equipo de Gobierno comparecer en el Pleno de Cibeles este martes para dar explicaciones, mientras que Izquierda Unida y colectivos de memoria histórica han convocado una manifestación a las 11 horas frente a Cibeles puesto que a su juicio "la derecha del Ayuntamiento de Madrid ha vuelto a insultar a las víctimas del franquismo".

Fuente del texto: RTVE

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miércoles, 20 de noviembre de 2019

Patrimonio Nacional autoriza otras 31 exhumaciones en el Valle de los Caídos


Un grupo de forenses evaluará las posibilidades de sacar los restos de 31 personas inhumadas en el Valle de los Caídos que cuentan ya con un expediente abierto a petición de sus familiares, después de que lo haya autorizado Patrimonio Nacional.

Se ha acordado realizar las obras pertinentes para el acceso y afianzamiento de los distintos niveles de las criptas del Valle de los Caídos para que los forenses puedan entrar tras haber recibido el aval del CSIC. PN autoriza nuevas exhumaciones en el Valle de los Caídos


Patrimonio Nacional ha autorizado la exhumación de los restos de 31 personas que permanecen enterradas en el Valle de los Caídos tras una petición de sus familiares. Para dar el permiso Patrimonio ha tenido que esperar a un informe del CSIC que afirma que no hay incovenientes para realizar esas exhumaciones y que son posibles desde el punto de vista técnico.

El documento recoge que las estructuras de todas las criptas son resistentes y que a pesar de las filtraciones y grietas la seguridad de los trabajadores está garantizada. Aún así, varios forenses van a supervisar los trabajos que van a empezar, si se cumplen los plazos, en Navidad.


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lunes, 22 de julio de 2019

Una investigación revela «asesinatos» de la Guerra Civil ante el Dolmen de Menga


El estudio conecta 23 proyectiles hallados ante el emblemático sepulcro prehistórico con “ejecuciones sumarias” del bando republicano previas a la “violencia represiva” de los sublevados.

Dolmen de Menga. Crédito: Fernando Barroso 

La declaración de los dólmenes de Antequera como Patrimonio Mundial hace ahora tres años ha despertado un importante interés ciudadano por este conjunto de monumentos megalíticos encabezados por la grandiosa construcción adintelada de Menga, joya indiscutible de este enclave cuya carga histórica supera ampliamente a lo perceptible a simple vista.

Tal extremo queda reflejado, por ejemplo, en el estudio publicado en 2018 con el título ‘Punto de referencia del pasado en el paisaje megalítico de Antequera: Una aproximación multidisciplinar al arte rupestre del abrigo de Matacabras’, que aborda la relación entre el dolmen de Menga y la Peña de los Enamorados, hacia la que está orientado el eje de dicha construcción prehistórica.

Y es que los autores de tal trabajo recuerdan en su texto que “recientes investigaciones sugieren” que los dólmenes de Antequera tuvieron una “excepcionalmente larga” utilización durante “la Prehistoria tardía, la Edad del Hierro, la Antigüedad, la Edad Media e incluso la Historia Moderna”, precisando que el megalito de Menga “fue repetidamente usado como lugar de enterramiento” entre los siglos cuarto y undécimo de la era actual y más tarde como “redil, morada o quizá para el aprovisionamiento de agua” gracias al pozo descubierto en su interior.

Precisamente en este contexto se encuadra una llamativa investigación de 2016 titulada ‘Proyectiles de 9 mm hallados en el atrio del dolmen de Menga ¿Testimonio de la Guerra Civil Española?’, trabajo publicado en la Revista de Prehistoria de Andalucía, editada por la Administración autonómica de dicha región.

Este estudio, elaborado por los investigadores de la Universidad de Sevilla Leonardo García Sanjuán, Mark Hunt y Coronada Mora; Ángel Rodríguez Larrarte de la Sociedad de Ciencias Aranzadi y Gonzalo Aranda de la Universidad de Granada, gira en torno a 23 balas descubiertas en 1991 en el atrio de la citada construcción megalítica, en el marco de unas excavaciones arqueológicas promovidas entonces por la Universidad de Málaga.

El «extraño contexto» de los proyectiles

Aunque los autores de este trabajo admiten las “limitaciones” implícitas en la ausencia de “documentación sobre la distribución espacial de los proyectiles que permita valorar su patrón de dispersión” o en la falta de los casquillos de las balas, lo cierto es que gracias a la “caracterización morfológica y tecnológica” de los artefactos, su “valoración balística y forense” y datos históricos, ha sido posible formular una teoría sobre la presencia de “munición de armas del siglo XX en un contexto arquitectónico y espacial en principio completamente extraño” para tales materiales.

Según los resultados de este estudio, los 23 proyectiles corresponden a un calibre de 9 milímetros Largo o “9 mm Parabellum (…) disparados con un arma adecuada profesionalmente para tal fin, puesto que presentan marcas longitudinales que indican que fueron propulsados a través de un cañón estriado”, toda vez que la munición de dicho calibre fue “muy común en la Guerra Civil española, siendo utilizada en armas cortas como las pistolas Astra-M400, Astra Cóndor, Campo Giro-M1910 y Campo Giro-M1912 y armas largas como la carabina Destroyer o el subfusil Labora”.

Proyectiles descubiertos en Menga. Crédito: Revista de Prehistoria de Andalucía 

A partir de tal premisa, los autores de este estudio se apoyan en las investigaciones previas del miembro del Departamento de Historia Moderna de la Universidad de Málaga Miguel Ángel Melero Vargas, sobre el desarrollo de la Guerra Civil en dicha provincia y las diferentes “violencias” perpetradas en Antequera a partir de la rebelión militar de julio de 1936.

La «violencia» de la Guerra Civil en Antequera

“En primer lugar cabe considerar la violencia ejercida desde el bando republicano, que se dejó notar entre el 19 de julio y el 8 de agosto de 1936. Por otro lado, está la violencia represiva ejercida desde el bando sublevado a partir de la ocupación de Antequera por las tropas rebeldes el 12 de agosto de 1936”, precisa este estudio merced a las indagaciones de Melero Vargas, según las cuales “la represión ejercida por los sublevados en Antequera habría tenido lugar en el interior o exterior de la plaza de toros, donde fueron asesinadas decenas de personas”, mientras “diversos testimonios documentados coinciden en señalar que las ejecuciones sumarias llevadas a cabo por miembros del bando republicano ocurrieron en el entorno del cementerio, donde se encuentran los dólmenes de Menga y Viera”.

Además, pesa en esta investigación el testimonio del que fuera alcalde de Antequera en el momento del golpe de estado de 1936, Antonio García Prieto (PSOE), quien según se recuerda en este trabajo “declaró durante su juicio por parte de un tribunal franquista que un destacado miembro del Comité de Guerra de Antequera le había entregado personalmente una de las muchas armas cortas con las que los milicianos se habían hecho, concretamente una pistola de 9 mm Largo tipo Mauser”. García Prieto, por cierto, fue finalmente fusilado en 1940 a manos del régimen franquista.

Así, fruto del estudio tecnológico, balístico y forense de estos proyectiles y “los datos obtenidos por el historiador Melero Vargas a partir de relatos orales e información archivística”, los autores de esta investigación consideran que tales proyectiles estarían en principio conectados con “los asesinatos llevados a cabo en los días posteriores a la sublevación militar por milicianos de los partidos y sindicatos que apoyaban a la República”. 

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