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lunes, 24 de febrero de 2020

BOUDICA, LA REINA GUERRERA


Boudica o Boadicea, reina de la tribu británica Ícenos, una tribu celta que lideró un levantamiento contra las fuerzas ocupantes del Imperio Romano.

La lucha de la líder de los icenos, desaparecida en el tiempo, fue más tarde recuperada por los historiadores y autores victorianos

Los cronistas romanos Tácito y Dion Casio la describen como una guerrera de largo pelo rojo, de gran inteligencia y mayor carisma. Alta y fuerte, de mirada severa y voz autoritaria. Fue la orgullosa reina de los ícenos, una tribu asentada en Anglia del Este, en la zona que hoy comprende las regiones de Norfolk y Suffolk. Su nombre significa Victoria en la lengua celta y fue la caudillo que lideró la rebelión contra Roma.

Nacida en una familia aristócrata, pronto se desposa con el rey de los ícenos, Prasutago. El reino había sido cliente de Roma, es decir, aliado durante la invasión de la época del Emperador Claudio, alrededor del año 43.

A cambio, el rey había firmado un pacto por el cual se declaraba al emperador romano como coheredero al reino Iceno. Prasutago y Boudica sólo tuvieron descendencia femenina.

Para los ícenos, cualquiera de sus hijas podría hacerse con la corona tras la muerte del rey, pero los romanos sólo contemplaban la sucesión por agnación.

Al morir Prasutago sin descendencia masculina, Roma actúo como si hubiese anexionado el terreno y no reconoció a las hijas del soberano como legítimas herederas. El rey muerto había gobernado a base de préstamos y su impagable deuda se transmitió a sus súbditos. Al declararse en bancarrota, los romanos arrasaron las aldeas vecinas en busca de su tributo y acudieron al feroz pillaje y a la violencia extrema.

Como escarmiento, la reina de los ícenos fue desnudada y azotada delante de su pueblo mientras era testigo de la violación de sus hijas. La vergüenza y el escarnio público a la que se sometió a la tribu britana fue criticada incluso en la propia Roma.

Alrededor del año 60 Boudica, que seguía contando con el apoyo y el respeto de su pueblo, empieza a perfilar su venganza aunando los esfuerzos de su tribu con la de algunos de sus vecinos. Aprovechando que el gobernador de la recién conquistada provincia romana se encontraba ocupado en una campaña en Gales, las tribus unidas atacan Camulodonum, la actual Colchester, convertida en colonia romana con una importante guarnición.

Según las crónicas romanas, Boudica convocó a la diosa Andraste, la divinidad de la victoria, y de entre los pliegues de su túnica, salió una liebre, animal venerado por los druidas, que de inmediato corrió en dirección a las tropas romanas. Esto se interpretó como un buen augurio y comenzaron los preparativos para la guerra.

Camulodonum es cercada y tras varios días de asedio es tomada a la fuerza. La Legión IX, reclutada en Hispania, acude en ayuda de la ciudad pero es emboscada y aniquilada al completo. No se hicieron prisioneros y más de 5.000 legionarios son pasados a cuchillo.

Las noticias llegan a la capital provincial romana, Londinium, a pocos kilómetros de la vecina y sometida Camulodonum. Cayo Suetonio Paulino, gobernador de la Britania, intenta asistir a la capital romana pero no cuenta con los números suficientes como para hacer frente al ejército liderado por Boudica.

El pavor anega la ciudad que es abandonada rápidamente y tomada por la coalición sin esfuerzo. Londinium es completamente arrasada y quemados sus cimientos. Los rebeldes centran los esfuerzos en su próxima víctima, la ciudad de Verulamium, cerca de la actual St Albams. También es asediada, tomada y arrasada. Pero ya se sabe lo que se dice sobre Roma, pierde batallas pero no guerras.

La batalla final

Cayo Suetonio Paulino viaja hacia Exeter y reúne sus profesionales y veteranas legiones, dispuesto a ofrecer batalla campal a los insurgentes. Boudica y sus indisciplinados guerreros, henchidos de moral y ardor combativo, no dudan en enfrentarse a Roma a campo abierto. Un error que pronto pagarán con creces.

Elegido el terreno propicio con tiempo, asentadas las legiones y preparadas para la batalla, Paulino aguarda al ejército iceno. Pese a ser superados en número, la profesionalización marcial de los romanos, curtidos en cientos de guerras a lo largo del mundo conocido, los hacía temibles y prácticamente invencibles en un campo de batalla. Las tribus coaligadas, llenas de pasión y envalentonadas por los recientes triunfos, sin organización ni disciplina, muerden el anzuelo.

Las crónicas cuentan que Suetonio Paulino pidió ser despertado en cuanto fuese avistado el ejército enemigo. Los sublevados aparecieron al otro extremo del campo de batalla. Una ligera pendiente favorecía a los romanos. Catapultas, onagros y balistas fueron hábilmente situados. Las hileras y columnas de legionarios se colocaron con precisión, con el objetivo de resistir las primeras acometidas, mientras iban siendo relevados periódicamente para conservar su vigor y energía.

Por el otro lado, los ícenos y sus aliados concentraron su potencial en una masa heterogénea y desordenada. Los carros de guerra britanos se mezclan con los carros y pertrechos de las familias que acompañan a los guerreros, que se sitúan en retaguardia. Ese fue el error táctico que el gobernador romano esperaba. Antes de dar comienzo a la batalla supo que la había ganado, supo que sería una victoria total.


Las legiones, bien pertrechadas y organizadas, soportaron el ímpetu iceno y aguantaron las primeras acometidas de los carros y hordas enemigos. Mientras, los britanos pintados de azul y con los torsos desnudos, enfebrecidos por la sangre y la euforia del primer momento, fueron perdiendo fuerza y empuje. La línea romana resistió y las bajas en las filas britanas hizo dudar a los de Boudica, que ya volvían la vista en busca de sus familias temerosos de perder la batalla.

Es en ese momento cuando Suetonio Paulino manda avanzar a sus legiones. Paso tras paso, con empujones de escudo y sin perder la formación, hacen retroceder a los icenos que, sin percatarse, van directos a la trampa mortal. La disposición de los carros, tiendas y campamento de las propias familias dificulta la retirada britana. La caballería maniobra para envolver a los rebeldes que son masacrados sin piedad. Niños, mujeres y ancianos, guerreros y familiares, muy pocos sobreviven a la cruel maquinaria romana.

El fin del héroe, el comienzo del mito

La leyenda se abre paso a continuación. Unos sostienen que la reina insurgente Boudica consiguió escapar pero, no soportando el dolor de la derrota, se suicida ingiriendo un veneno. Sus hijas la acompañan en este destino. También encontramos veneno en la crónica que cuenta que fue apresada por el gobernador romano y encarcelada tras la batalla. Una vez en las mazmorras, sabiendo de la nueva humillación a la que sería sometida en Roma, bebió el fatal líquido. Otros dicen que murió en la celda a causa de las heridas sufridas en la contienda. Lo cierto es que el rastro de la emblemática reina se pierde tras la derrota icena.

Monumento de Boudica y sus hijas frente al Big Ben 

El mito de Boudica es recuperado en pleno auge colonizador del Imperio Británico. Los historiadores resucitan al personaje y lo vinculan con ánimos propagandísticos a la figura de la todopoderosa reina Victoria

No sólo sus nombres coinciden, los estudiosos enseguida equiparan su ardor guerrero, su valentía y astucia, y la ensalzan como la primera reina de Britania, estableciendo a Victoria como su legítima sucesora. Es de esta época (1905) la estatua que todavía se puede observar cerca del puente de Westminster, frente al Parlamento británico, que fue encargada por el príncipe Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha.

Fuente del texto: tourlondres 

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martes, 11 de febrero de 2020

Marga Gil Roësset



Marga Gil Roësset, la breve vida de una artista genial que se mató por su amor a Juan Ramón Jiménez


La primera vez que Marga Gil Roësset le escribió unas letras a Zenobia Camprubí todavía era una niña. Era la dedicatoria escrita en un libro que había publicado junto a su hermana Consuelo y se lo hicieron llegar por la admiración que ambas sentían hacia la traductora de Rabindranath Tagore: «Para ti, que no nos conoces y sin embargo ya eres nuestra amiga».

La última vez que Marga escribió a la esposa de Juan Ramón Jiménez fue una carta en la que le decía: «Perdóname Azulita… por lo que si él quisiera yo habría hecho». Lo que ocurrió en los meses previos a la muerte de Marga, de 24 años, fue un secreto escrito en un diario que estuvo oculto durante 65 años.

 

Marga fue una niña genio. Todavía se conserva un cuento que escribió y dibujó para su madre cuando solo tenía siete años, El niño curioso, en el que se adivina el talento que iba a desarrollar durante los años siguientes. A los 12 años realizó con una maestría sorprendente las ilustraciones de una historia escrita por su hermana Consuelo, El niño de oro y dos años después, las niñas publicaron otro libro en Francia.


"El niño de oro"

La Casa Plon, con su enorme autoridad, lanza una lujosa edición de Rose des Bois, explicaba en 1929 el crítico José Francés en La Esfera. «Las ilustraciones de Marga tienen el minucioso primor de las de un Bujados, un Martini o un Nielsen», explicaba el periodista.

Las ilustraciones de estos libros son «absolutamente barrocas y fascinantes, como hechas a pluma con algo de color; parecían más grabados que dibujos, pero grabados de Doré o de Piranesi», según las define Ana Serrano, experta en la obra de Marga Gil Roësset y comisaria en el año 2000 de la primera exposición de las obras que se conservan de la genial artista.

Rose des Bois 

Cuando Marga tenía 15 años abandonó el dibujo y pasó a la escultura. Su familia contactó con Victorio Macho para que la formara, pero el prestigioso escultor, al ver la extraordinaria obra de aquella muchacha, se quedó tan impresionado que rehusó darle clase para no adulterar su talento.

La infancia

Marga Gil Roësset nació en 1908, tan débil que los médicos le dijeron a su madre que no sobreviviría. Sin embargo, Margot Roësset estaba convencida de que el amor la salvaría, y tuvo en brazos a su hija durante meses, hasta que la niña salió de peligro. La familia de Marga era tan excepcional que si hubiera sido una ficción no sería creíble.

Descendían de dos hermanos nacidos en Francia de ascendencia polaca, León y Eugenio Roësset, ingenieros e inventores que se hicieron inmensamente ricos en España y se casaron con dos hermanas de la burguesía gallega, muy cultivadas, en una época en la que la mayoría de las mujeres eran analfabetas.

Entre la descendencia que tuvieron las dos parejas estaba Julio, abogado, farmacéutico y director de cine que se dedicó a hacer películas pornográficas para su amigo Alfonso XIII. Otro de los descendientes, León, general del Estado Mayor, desertó, abandonó a su familia y se dedicó a escribir las letras de los cuplés de Celia Gámez.

Otro más de la familia, Mauricio, que fue novio de la pintora surrealista Maruja Mallo, sufrió un accidente de tráfico con ella y al verla inconsciente y cubierta de sangre pensó que había muerto y, en estado de shock, se fue a su casa y se disparó un tiro en la cabeza.

Las mujeres de la familia eran muy bellas y también muy creativas. Una de ellas, María, fue pintora y sus cuadros se conservan en las colecciones de diversos museos. Y por último, Margot, la madre de Marga y Consuelo, cuya elegancia era tan célebre que las mujeres esperaban en la ópera que apareciera para admirar sus espectaculares vestidos.

Al igual que su esposo, Margot consideraba que sus hijas e hijos debían recibir la mejor educación. A las niñas les ofrecía premios a cambio de que escribieran y dibujaran cuentos para estimular su creatividad desde muy pequeñas. Las llevaban a conciertos y exposiciones, viajaban y visitaban museos, tenían profesores particulares, su padre les enseñaba física y matemáticas, su madre alentaba su talento y las instruía en casa. Hablaban francés, inglés y alemán, y practicaban deportes, en un país y una época en las mujeres no estudiaban y apenas salían de casa.

El crítico José Francés veía así a las hermanas Marga y Consuelo en un artículo publicado en La Esfera en 1929: «Vestían unas capas holgadas y se tocaban con unos sombreros halados, que en la vulgaridad de la ciudad ponían la silueta literaria de las creaciones de Andersen o de Grimm». Y añade para explicar cómo era su educación que «no acudían a colegios, donde nada nuevo podían aprender».

La escultora

En 1930 Marga presentó una de sus esculturas en la Exposición Nacional de Bellas Artes, Adán y Eva, y los críticos se quedaron asombrados por la potencia y la originalidad de la obra. Rosa Arciniega de Granda, al visitar la exposición, se quedó admirada ante ese «arte sin influencias, sin parecidos, sin normas».

En la revista Crónica explicaba su perplejidad y añadía que su «sorpresa subió de punto al comprobar por el catálogo que su autora era una mujer: Marga Gil Roësset, esta chiquilla de 21 años». La periodista visitó el taller de Marga para entrevistar a la joven artista, «para intentar arrancarle el secreto de su arte», y Marga se lo explicó de esta manera: «Yo intento siempre operar sobre mis esculturas de dentro afuera. Es decir, trato de esculpir más las ideas que las personas».

‘Adán y Eva’

Con relación a la obra que había dejado tan impactada a la periodista en la exposición, Marga le explica que son «Adán y Eva, padres del género humano. Viejos como el mundo. Atlético él, fuerte como para engendrar a todos los hombres. Débil ella, apoyada en el robusto pecho del hombre, pero amplio su seno como para amamantar a toda la Humanidad».

Como no podía faltar en una entrevista realizada a una joven de 21 años en aquellos tiempos (y que increíblemente hay quien repite en la actualidad), también le preguntó si pensaba casarse y ella, como si lo tuviera muy meditado, le respondió rápidamente que no: «Porque no creo en el amor simultáneo de dos corazones. Le explicaré esto que a primera vista podría parecer una paradoja. Yo, por ejemplo, puedo enamorarme de un hombre sencillamente porque me gusta; pero me parece difícil que él al mismo tiempo se enamore de mí, completando así el amor».

Una profecía que dos años después se cumpliría.

Ana Serrano ha contado que cuando estaba montando la exposición de la obra que se conserva de Marga, 16 esculturas y 80 dibujos y acuarelas, en el Círculo de Bellas Artes en el 2000, recibió la llamada del escultor Juan de Ábalos, que la había conocido porque trabajaron en el mismo cantero, y que se había enamorado de ella, como todos los hombres que estaban alrededor de «la única mujer que esculpía la piedra en España, en talla directa, con una fiereza como de iluminada». Dijo que Marga, tan hermosa como fuerte, trabajaba con una sonrisa maravillosa y una intensidad inmensa.

El encuentro

En uno de los conciertos a los que acudía Marga, una amiga común le presentó al matrimonio formado por Zenobia Camprubí, a quien admiraba desde niña como traductora, y a Juan Ramón Jiménez. Ella, ilusionada, se ofreció a hacer un busto de Zenobia y más tarde planeaba hacer otro de Juan Ramón.

El poeta recuerda la primera impresión que tuvo de Marga al verla en su palco: «Sentada tenía una actitud de enerjía, brazos musculosos, morenos, heridos siempre de su oficio duro. Y al mismo tiempo ¡tan frágil! Llevaba el alma fuera, el cuerpo dentro».

Marga empezó a visitar la casa del matrimonio para hacer el busto de Zenobia. «Venía contenta, nueva, salida de sus nubes. Nos traía generosa el regalo de cada día, de cada mediodía, de cada hora: rosas, libros, frutas, papeles, cintas de colores (…) Era un ejemplo de vitalidad exaltada, de voluntad constante, de capricho enérgico.

Trabajaba hora tras hora sin descanso, de pie, con dolor físico, cabeza, hígado, muelas. Se deshacía las manos, se caía, se hería. Manchada de yeso, punteados, los ojos de piedra cobraban una belleza ácida, una expresión ingente. Se iba ya de noche, corriendo». Así recuerda aquellos meses de trabajo Juan Ramón Jiménez en su libro Españoles de tres mundos.

A Zenobia el busto no le gustaba, dijo que Marga se había empeñado en hacerlo pero que preferiría que se lo hubiera hecho a su gato de escayola. Tampoco le había gustado la primera escultura en piedra de Marga, ‘Eva y sus niños. Los primeros celos de la historia’, de la que dijo que era una madre proletaria con unos niños zafios, una escultura repugnante.

Pero Juan Ramón sí quiso que Marga hiciera la escultura y Zenobia fue amable con ella. El poeta diría después sobre el busto de su esposa que fue «un hallazgo desde el primer instante, una primera distribución maestra, después un sentimiento natural y sobrenatural a la vez, sacado del fondo, sin otra estilización que la necesaria. Mi mujer le dijo que parecía que la estaba haciendo brotar, como una fuente, de la tierra».

Marga-Gil-Roesset 

Marga trabajaba en su casa y se iba enamorando del poeta al ritmo que golpeaba la piedra del busto de Camprubí. «Qué se yo por qué te quiero tanto… vamos… sí sé… comprendo muy bien que se quiera así… pero… querría no quererte tanto», escribía en su diario mientras trabajaba febril, sin apenas comer, avanzando es su escultura de la misma manera que se precipitaba hacia el trágico desenlace de su vida.

«Si tú, espontáneamente, me dieras un beso… y me atrajeras… así… estrechamente… dejándome… oír en tu pecho latirte el corazón… y un poco también la plata de tu voz… Sería glorioso»

Cuando estaba irremediablemente seducida por el poeta, Juan Ramón le recomendó que viajara a Francia para «corregir» su arte. En una entrada de su diario, Marga dice: «Zenobia te ha dicho que me voy y te ha contado mi viaje. (…) En mi cabeza, la voz… tu voz constante… fue… «te vas, me parece muy bien». Marga quería hundirse en su pecho, él quería alejarla de su lado. Y escribió las últimas palabras de su diario:

«Pero en la muerte, ya nada
me separa de ti… sólo la muerte
sólo la muerte, sola… y,
es ya… vida ¡tanto más cerca así
…muerte… cómo te quiero!».

El 28 de julio de 1932, Marga fue a la casa de sus amigos y le dejó a Juan Ramón el diario con el ruego de que no lo leyera en ese momento. El poeta, ajeno a su contenido, siguió trabajando ese día y cuando lo leyó ya era tarde. Marga se había ido a su taller, había destrozado toda la obra que tenía en ese lugar, esculturas y fotografías, después cogió una pistola y se suicidó disparándose en la sien. Dejó escritas tres cartas: una para sus padres, otra para su hermana Consuelo y, por último, una para Zenobia.

«Zenobita… vas a perdonarme… ¡Me he enamorado de Juan Ramón! (…) perdóname…porque si me hubiese dicho que sí… ay… a pesar de que la idea de amistad es para mí sagrada… y tú eres mi amiga… y de verdad te quiero mucho… y me gustas mucho… pues… con ser todo eso tanto!… yo habría pasado por todo… por todo lo que fuese precioso… pero claro como soy yo sola a querer… creo mucho mejor matarme ya… que si en él no puedo… y… con él no puedo… … … perdóname Azulita… por lo que si él quisiera yo habría hecho. Marga»

Nuevos datos inéditos sobre el suicidiode la escultora Marga Gil Roesset (1908-1932)por amor a Juan Ramón Jiménez


Fuente del texto: yorokobu 

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sábado, 11 de enero de 2020

Simone de Beauvoir ¿qué pasó el 09 de enero?



Nace Simone de Beauvoir, escritora feminista 

Entrevista a Simone de Beauvoir a propósito de «El Segundo Sexo »

El haber abordado la condición femenina desde un punto de vista psicológico, antropológico, sociológico, histórico y político significó el trabajo de la filósofa Simone de Beauvoir. El Segundo Sexo, el ensayo más conocido de la francesa, publicado en 1949, considerado como una de las mejores investigaciones sobre la situación de la mujer, se convirtió en una obra fundamental para la historia del feminismo. Incluso, para muchos fue la obra que desató el movimiento feminista contemporáneo.



Como obra de la literatura clásica se postuló como punto de partida teórico para el pensamiento feminista; Simone fue una de las principales mujeres del movimiento existencialista en aceptar su propia labor en la sociedad como filósofa, atea y escritora.


Una de las razones por las que esta obra resulta fundamental para la mujer, y para el movimiento feminista, es la manera en la que se analiza la situación de género; Beauvoir explica el tema a través de una visión biológica, psicoanalítica y económica, lo que permitió concluir que para una auténtica liberación y emancipación de la mujer se debe trabajar paralela y separadamente de la lucha de clases: el principal problema a enfrentar no es ideológico sino económico.

En 1976, el pintor y activista español Fernando Gerassi realizó una entrevista a su también amiga Simone de Beauvoir, en la que se exponen las opiniones de la escritora respecto a las secuelas sociales que dejó su obra.

Gerassi – Usted dice que su propia conciencia feminista surgió de la experiencia de escribir El Segundo Sexo, ¿Cómo ve usted la maduración del movimiento después de la publicación de su libro en términos de su propia trayectoria?

Beauvoir – Al escribir EL Segundo Sexo tomé conciencia, por primera vez, de que yo misma estaba llevando una vida falsa, o mejor, estaba beneficiándome de esta sociedad patriarcal sin percibirlo. Sucede que muy temprano en mi vida acepté los valores masculinos y comencé a vivir de acuerdo con ellos. Claro, me fue muy bien y eso reforzó en mí la creencia de que hombres y mujeres podrían ser iguales si las mujeres quisieran esa igualdad. En otros términos, yo era una intelectual. Tuve la suerte de pertenecer a una familia burguesa, que, además de financiar mis estudios en las mejores escuelas, también me permitió jugar con las ideas. Por eso, conseguí entrar en el mundo de los hombres sin muchas dificultades. Mostré que podía discutir filosofía, arte, literatura, etc., al mismo “nivel de los hombres”. Yo conservaba todo lo que fuera propio de la condición femenina para mí. Mi éxito me motivó a continuar, y al hacerlo vi que podía sostenerme financieramente, como cualquier intelectual del sexo masculino, y que a mí me tomaban en serio tanto como a cualquiera de mis colegas de sexo masculino.

Siendo quien yo era, descubrí que podría viajar sola si quisiese, sentarme en los cafés y escribir, y ser respetada como cualquier escritor del sexo masculino, y así por delante. Cada etapa fortalecía mi sentido de independencia e igualdad. Por lo tanto, se volvió muy fácil para mí olvidar que una secretaria nunca podría gozar de estos mismos privilegios. Ella no podría sentarse en un café y leer un libro sin ser molestada. Raramente ella sería invitada a fiestas por sus “dotes intelectuales”. Ella no podría recibir un préstamo o comprar una propiedad. Yo sí. Es más, yo acostumbraba despreciar el tipo de mujer que se sentía incapaz, financieramente o espiritualmente, que mostraba su pendencia a los hombres. De hecho, yo pensaba para mis adentros, “si yo puedo, ellas también pueden”. Al investigar y escribir EL Segundo Sexo fue que percibí que mis privilegios resultaban de haber abdicado, en algunos aspectos cruciales por lo menos, a mi condición femenina. Si pusiéramos lo que estoy diciendo en términos de clase económica, tal vez sea más fácil de comprender, yo me había vuelto una colaboracionista de clase.

A través de EL Segundo Sexo tomé conciencia de la necesidad de lucha. Comprendí que la gran mayoría de las mujeres simplemente no tenía la posibilidad de elección que yo había tenido; que las mujeres son, de hecho, definidas y tratadas como un segundo sexo por una sociedad patriarcal, cuya estructura entraría en colapso se esos valores fuesen genuinamente destruidos. Así como para los pueblos dominados económica y políticamente, el desenvolvimiento de la revolución es muy difícil y muy lento. Primero, las mujeres tienen que tomar conciencia de la dominación. Después, tienen que creer en la propia capacidad de cambiar la situación. Aquellas que se beneficiaron de su “colaboración” tienen que comprender la naturaleza de su traición. Y finalmente, las que tienen más a perder por tomar posición, quiero decir, mujeres que como yo, buscaban una situación confortable o una carrera exitosa, tienen que estar dispuestas a arriesgar su situación de seguridad – mismo que sea exponiéndose al ridículo – para alcanzar el respeto propio. Tienen que entender que sus hermanas, las más explotadas, serán las últimas a juntarse a ellas.

Una esposa de obrero, por ejemplo, es menos libre para unirse al movimiento. Ella sabe que su marido es más explotado que la mayoría de las líderes feministas y que él depende de su papel de madre/ama-de-casa para sobrevivir. De cualquier forma, por todas esas razones, las mujeres no se movilizaron. Hubo algunos pequeños movimientos bien interesantes, muy inteligentes, que lucharon por promociones políticas, por la participación de las mujeres en política, en el gobierno. Me refiero a esos grupos. Entonces llegó 1968 y todo cambió. Sé que algunos eventos importantes acontecieron antes de eso. EL libro de Betty Friedan, por ejemplo, fue publicado antes de 1968. En realidad, las mujeres norte-americanas ya estaban movilizándose en esa época. Ellas, más que nadie, y por razones obvias, estaban conscientes de las contradicciones entre las nuevas tecnologías y el papel conservador de mantener a las mujeres en la cocina. Con el desarrollo de la tecnología -como poder del cerebro y no de los músculos – la lógica masculina de que las mujeres sean el sexo frágil y por eso, deban representar un papel secundario no puede más ser sostenida. Como las innovaciones tecnológicas eran muy difundidas en los Estados Unidos, las mujeres norte-americanas no escaparon a las contradicciones.

Por eso fue natural que el movimiento feminista tuviese su mayor ímpetu en el corazón del capitalismo imperial, aunque ese ímpetu hubiera sido estrictamente económico, esto es la reivindicación por salarios iguales, trabajos iguales. Pero fue dentro del movimiento anti-imperialista donde la verdadera conciencia feminista se desenvolvió. Tanto en el movimiento contra la Guerra de Vietnam en los EEUU cuanto luego después de la rebelión de 1968 en Francia y en otros países europeos, las mujeres comenzaron a sentir su poder. Al comprender que el capitalismo lleva necesariamente la dominación de los pueblos pobres en todo el mundo, millares de mujeres comenzaron a adherir a la lucha de clases – mismo cuando no aceptaban el término “lucha de clases”.

Ellas se volvieron activistas. Adhirieron a las marchas, demostraciones, campañas, grupos clandestinos, militancia de izquierda. Lucharon a la par de cualquier hombre por un futuro sin explotaciones, sin alienaciones. Pero ¿qué sucedió? En los grupos u organizaciones a los que adhirieron, descubrieron que, así como en la sociedad que intentaron combatir, también fueron tratadas como el segundo sexo. Aquí en Francia, no me arriesgo a hablar también de los EEUU, ellas se dieron cuenta que los líderes eran siempre los hombres. Las mujeres siempre eran las dactilógrafas y las que servían el café en los grupos pseudo-revolucionarios. Bueno, tal vez no debería decir pseudos, muchos de los participantes de esos movimientos eran revolucionarios genuinos. Pero fueron trenados, educados y moldeados en una sociedad patriarcal, estos revolucionarios trajeron estos valores para dentro del movimiento. Comprensiblemente, estos hombres no iban a dejar de lado sus privilegios y valores voluntariamente, así como la clase burguesa no dejaría su pseudo poder voluntariamente. De esta forma, así como cabe al pobre tomar el poder del rico, también cabe a las mujeres tomar el poder de los hombres.

Esto no quiere decir que las mujeres deban dominar a los hombres. Significa establecer igualdad, así como el verdadero socialismo establece igualdad económica entre todos los pueblos, el movimiento feminista aprendió que tendría que establecer igualdad entre los sexos sacando el poder de la clase que lideraba el movimiento, o sea, de los hombres. Colocándolo en otros términos: una vez dentro de la lucha de clases, las mujeres percibieron que no quedaba eliminada automáticamente la lucha de sexos. Fue ahí que yo tomé conciencia de lo que acabo de decir. Antes de eso, estaba convencida de que la igualdad entre hombres y mujeres sólo era posible con la destrucción del capitalismo ().

La igualdad entre hombres y mujeres es imposible en el sistema capitalista. Si todas las mujeres trabajaran tanto cuanto los hombres, ¿qué sucedería con esas instituciones de las cuales el capitalismo depende: como iglesias, casamiento, ejército y los millones de fábricas, negocios, etc. que dependen del trabajo de medio turno y mano barata? No es verdad que la revolución socialista establece necesariamente la igualdad entre hombres y mujeres. Mire lo que sucedió en la Unión Soviética o en Checoslovaquia, (mismo si estuvimos dispuestos a llamar esos países como “socialistas”) donde hay una confusión profunda entre emancipación del proletariado y emancipación de la mujer. De alguna forma, el proletariado siempre termina siendo constituido de hombres. Los valores patriarcales permanecieron intactos, tanto allá como aquí. Y eso – esa conciencia entre las mujeres que la lucha de clases no engloba la lucha de sexos – es lo nuevo. La mayoría de las mujeres sabe eso ahora. Esa es la mayor conquista del movimiento feminista, es la que va alterar la historia en los próximos años.

Gerassi – Pero esa conciencia está limitada a las mujeres que son de izquierda, mujeres comprometidas con la reestructuración de toda la sociedad.

Beauvoir – Bueno, claro, ya que las otras son conservadoras, lo que significa que quieren conservar lo que fue o lo que es. Mujeres de derecha no quieren la revolución. Ellas son madres, esposas, devotas a sus hombres. Y cuando son agitadoras, lo que ellas quieren es un pedazo mayor de la torta. Ellas quieren sueldos más altos, elegir mujeres en los parlamentos, ver una mujer ser presidenta.

Fundamentalmente, creen en la desigualdad, con la diferencia que quieren estar en el top y no debajo. Pero se acomodan bien al sistema o con pequeños cambios para acomodar mejor sus reivindicaciones. El capitalismo, ciertamente, puede darse el lujo de permitir a las mujeres servir al ejército o entrar en la policía. El capitalismo es muy inteligente, lo suficiente para dejar más mujeres participar del gobierno. EL pseudo-socialismo puede permitir que una mujer se vuelva secretaria-general de su partido. Esto es una pequeña reforma social, como el seguro social o las vacaciones pagas. ¿La institucionalización de las vacaciones pagas cambió la desigualdad del capitalismo? ¿EL derecho de las mujeres de trabajar en fábricas con salarios iguales a los de los hombres cambió los valores masculinos de la sociedad checa? Pero cambiar todo el sistema de valor de cualquier sociedad, destruir el concepto de maternidad: eso es revolucionario.

Una feminista, se autodenomine o no de izquierda, es de izquierda por definición. Ella está luchando por una igualdad plena, por el derecho de ser tan importante, tan relevante, cuanto cualquier hombre. Por eso, incorporada en su revuelta por la igualdad de géneros está la reivindicación por la igualdad de clases.

En una sociedad en la que el hombre pueda ser madre, para ponerlo en términos de valores y quede claro, la llamada “intuición femenina” sería tan importante cuanto el “conocimiento masculino” – para usar el lenguaje corriente, a pesar de lo absurdo – en que ser gentil o delicado es mejor que ser durón; en otras palabras, en una sociedad la cual la experiencia de cada persona sea equivalente a cualquier otra, queda establecido automáticamente la igualdad, lo que significa igualdad económica y política, entre otras cosas. De esta forma, la lucha de sexos incluye la lucha de clases, pero la lucha de clases no incluye la lucha de sexos. Las feministas son, por lo tanto, izquierdistas genuinas. De hecho, están a la izquierda de lo que llamamos tradicionalmente la izquierda política.

Gerassi – ¿Pero eso es real? Por ejemplo, yo aprendí a no usar la palabra “bonita”, a prestar atención a las mujeres en cualquier discusión de grupo, a lavar los platos, ordenar la casa, hacer las compras. ¿Pero será que soy menos sexista en mis pensamientos? ¿Será, por mis actitudes, que me despojé realmente de mis valores masculinos?

Beauvoir¿Usted quiere decir en lo más íntimo suyo? Para serle sincera, ¿a quién le importa? Piense un poco. Usted conoce una persona del sur racista, sabe que es racista porque la conoce desde que nació, pero ella nunca dice “criollo”. Escucha todos los reclamos de las personas negras y da lo mejor de sí para lidiar con ellas. Combate otros racistas, insiste en dar una educación encima de lo común para los niños negros, quiere compensar los años en que faltó escuela para ellos. Les da recomendaciones para que hombres negros consigan préstamos bancarios. Él da apoyo a candidatos negros en su distrito a través de ayuda financiera y con su voto usted piensa que se preocupa por las personas negras. ¿A alguien le importa que él siga pensando de forma tan racista cuando sus actitudes no lo son? Esencialmente, exploración es hábito. Si usted consigue controlarlos, hacer que sea “natural” tener hábitos contrarios, ya es un gran paso. Si usted lava los platos, ordena la casa y toma actitudes que no lo hacen sentir menos “hombre” por hacerlo, usted estará ayudando a establecer nuevos hábitos. Dos generaciones que sientan que tienen que parecer no-racistas el tiempo entero, la tercera ya nacerá no racista.

Entonces finja ser no-sexista, y continúe fingiendo. Piense en eso como un juego. En sus pensamientos más íntimos, puede continuar pensando que usted es superior que las mujeres. En cuanto usted continúe representando de forma convincente – lavando los platos, haciendo las compras, ordenando la casa, cuidando los niños – estará abriendo precedentes, especialmente para hombres como usted, que tienen cierta pose de “macho”. La cuestión es que yo no creo en eso. No creo que usted realmente haga lo que dice, una cosa es lavar los platos, pero cambiar pañales día y noche, es otra.

Gerassi – Bien, yo no tengo hijos…

Beauvoir – ¿Por qué no? Porque usted eligió no tenerlos, ¿piensa que las madres que usted conoce eligieron? O ¿fueron intimidadas a tenerlos? Hablando en términos más sutiles, ellas fueron criadas para pensar que es natural y normal, propio de las mujeres tener hijos, por eso, ¿eligieron tenerlos? Esos son los valores que hay que cambiar.

Gerassi – Cierto. Y es por eso, y yo comprendo, que muchas feministas insistan en ser separatistas. Pero en términos de revolución, tanto la de ellas cuanto la mía, ¿será que podemos ganar si nos separamos en dos grupos totalmente diferentes? ¿Será que el movimiento feminista conseguirá alcanzar su objetivo excluyendo a los hombres de su lucha tanto en Francia como en los Estados Unidos?

Beauvoir – Un momento, primero tenemos que investigar el porqué de las razones de que ellas sean separatistas. No puedo hablar por los Estados Unidos, pero aquí en Francia hay muchos grupos de concientización, de los cuales los hombres son excluidos porque las militantes piensan que es muy importante redescubrir su identidad como mujeres. Solo pueden hacerlo conversando entre ellas, contando entre sí cosas que nunca osarían hablar en presencia de sus maridos, amantes, hermanos, padres, o cualquier otro representante del poder masculino. La necesidad de hablar con la intensidad y honestidad deseada sólo puede ser realizada de esta manera.

Ellas han conseguido comunicarse con una profundidad que nunca pensé que fuera posible cuando yo tenía 25 años. Inclusive cuando yo estaba entre mis amigas mujeres más íntimas en aquella época, los problemas de las mujeres nunca eran discutidos. Entonces ahora, por primera vez, por causa de esos grupos de concientización, y por causa de la fuerza del deseo de confrontar genuinamente los problemas femeninos dentro de esos grupos, están naciendo amistades verdaderas entre mujeres. En el pasado, durante mi juventud hasta hace poco, las mujeres no acostumbraban hacerse amigas de verdad unas de las otras. Se veían entre sí como rivales, inclusive enemigas, o en la mejor de las hipótesis, como competidoras.

Actualmente, como resultado de estos grupos de concientización, las mujeres no solo se hacen amigas como también son capaces de construir amistades verdaderas entre sí, también aprendieron a ser cálidas, abiertas, profundamente tiernas unas con otras: ellas están transformando hermandad y fraternidad en realidad – y sin volver esas relaciones dependientes de una sexualidad lésbica. Claro que hay muchas batallas, inclusive algunas estrictamente feministas con impacto social, de las cuales las mujeres esperan que los hombres participen y muchos lo han hecho. Estoy pensando, por ejemplo, en la lucha por la legalización del aborto aquí en Francia, cuando organizamos la primera demostración de peso hace tres o cuatro años. Recuerdo bien de la gran cantidad de hombres presentes. Eso no quiere decir que ellos no fueran sexistas () pero esos hombres que estaban presentes, eran conscientes del sexismo en la sociedad y tomaron una posición política contra eso. En esas ocasiones los hombres son bien-venidos, inclusive los estimulamos a adherir a la lucha.

Gerassi – Pero también hay muchos grupos, por lo menos aquí en Francia, que proclaman su separatismo con orgullo y definen su lucha como estrictamente lésbica.

Beauvoir – Seamos precisos. Dentro del Movimiento de Libertación de la Mujer hay sí muchos grupos que se denominan lésbicos. Muchas de esas mujeres, gracias al MLF y a los grupos de concientización, pueden decir ahora abiertamente que son lesbianas y eso es muy bueno. Antes no había costumbre de ello. Hay otras mujeres que se asumieron lesbianas por una especie de compromiso político: ellas piensan que ser lesbiana es una actitud política dentro de la lucha de sexos, eso sería equivalente a los principios del black power en la lucha racial. Es verdad que ellas tienden a ser más dogmáticas en relación a la exclusión de los hombres de su lucha. Pero eso no significa que ignoren las numerosas luchas que están siendo trabadas por todo el mundo contra la opresión. Cuando Pierre Overney, el joven militante maoísta que fue asesinado a sangre fría por un policía de una fábrica de Renault por no dispersarse durante una manifestación, toda la izquierda organizó una marcha de protesta en París. Todas las llamadas separatistas lesbianas radicales adhirieron a la manifestación y llevaron flores a su túmulo. Eso no significa que ellas expresaran su solidaridad por Overney, el hombre, pero sí que ellas se identificaron con la protesta contra el Estado que explota y comete abusos contra las personas – hombres y mujeres. (…)

Gerassi – Me interesa el tema de que las mujeres sean más libres, me intriga porque en nuestra sociedad la libertad es alcanzada con dinero y poder. ¿Las mujeres tienen más poder hoy después de casi una década de movimiento feminista?

Beauvoir – En el sentido en que usted lo pregunta, no. Las intelectuales, mujeres jóvenes que están dispuestas a correr el riesgo de ser marginadas, las hijas de ricos, cuando están dispuestas y son capaces de romper con los valores de sus padres: esas mujeres sí, son más libres. Por causa de su nivel de educación, estilo de vida, o recursos financieros, ellas consiguen escapar a una sociedad competitiva, vivir en comunidades o al margen, y desarrollar relaciones con otras mujeres similares a ellas u hombres sensibles a sus problemas y de esa forma, se sienten más libres. En otras palabras, las que puedan sustentarse, consiguen sentirse más libres.

Pero como clase, las mujeres ciertamente no son más libres, precisamente porque, como usted dice, no tienen poder económico. Actualmente, hay todo tipo de estadística para probar que el número de mujeres abogadas, médicas, publicitarias, etc., está creciendo. Pero esas estadísticas son engañosas. EL número de abogadas y ejecutivas poderosas no aumentó. ¿Cuántas abogadas pueden agarrar un teléfono y llamar a un juez, u oficial del gobierno, para marcar un horario o pedir favores especiales? Esas mujeres tienen que operar a través de sus equivalentes hombres ya establecidos. () En Francia tenemos a Simone Weil, ministra de salud y a Francoise Giroud, que es la ministra responsable por las cuestiones femeninas, es básicamente una pieza de muestrario destinada a aplacar las necesidades de las mujeres burguesas de integración al sistema. ¿Cuántas mujeres controlan dinero en el Senado? ¿Cuántas controlan la política editorial de diarios? ¿Cuántas son juezas? ¿Cuántas son presidentas de banco, capaces de financiar empresas? Sólo porque hay muchas más mujeres en posiciones de nivel medio, como los periodistas dicen eso no quiere decir que ellas tengan poder. E incluso esas mujeres tienen que hacer el juego de los hombres para ser exitosas.

Todo esto no quiere decir que yo no crea que las mujeres hayan progresado en la lucha. El progreso es resultado de la acción de masa. (…) En acciones de masa, las mujeres tienen poder. (). Volviendo al caso de las mujeres que pueden financiar la búsqueda de la libertación individual, cuanto más pudieran influenciar a sus amigas y hermanas, más esa concientización se ampliará y paralelamente cuanto más frustradas por el sistema, estimularán a la acción de masas. Es obvio que cuanto más esta concientización se expanda, más agresivos y violentos se pondrán los hombres. Entonces cuanto más agresivos sean los hombres, más las mujeres precisarán de otras mujeres para responder, mayor será la necesidad de grandes acciones. Hoy en día, la mayoría de los operarios del mundo capitalista está conciente de la lucha de clases, si ellos se denominan Marxistas o no, no implica que hayan o no oído hablar de Marx. Y así debe suceder en la lucha de sexos. Y sucederá.

Gerassi – Usted me dijo el año pasado que estaba pensando en escribir otro libro sobre mujeres, una especie de secuencia de EL Segundo Sexo. ¿Lo va a hacer?

Beauvoir – En primer lugar, ese tipo de trabajo tendría que resultar de un esfuerzo colectivo. Además debería basarse más en la práctica que en la teoría. EL Segundo Sexo fue por el camino inverso, ahora eso no es más válido. Es en la práctica que hoy podemos ver cómo la lucha de clases y la lucha de sexos se intercalan, o por lo menos cómo pueden articularse. Pero eso vale para todas las luchas actuales: en los términos en que se formulan nuestras teorías con base en la práctica y no al contrario. Lo que se hace realmente necesario es que un grupo de mujeres, de todo tipo de países, reúna sus experiencias de vida y que, a partir de ellas, podamos identificar los padrones con los cuales las mujeres lidian en todos los lugares. Es más, esa información debería ser colectada de todas las clases y eso ya es doblemente difícil.

Al final, las mujeres que traban la lucha por la libertación, hoy en día, son en su mayoría intelectuales burguesas; las esposas de obreros e inclusive las obreras se mantienen presas al sistema de valor de la clase media. Intente, por ejemplo, conversar con una de ellas sobre los derechos de las prostitutas y cómo deberían serrespetadas. La mayoría de las obreras se quedaría chockeada con esta idea. Concientizar a las obreras es un proceso muy lento y necesita de mucho tacto. Yo sé que hay extremistas del MLF que están intentando hacer que las esposas de obreros se rebelen contra sus maridos, considerándolos opresores masculinos. Pienso que eso es un error. En Francia por lo menos, no dudará en responder: “pero mi enemigo no es mi marido, es mi patrón”. Mismo teniendo que lavar las medias de su marido y prepararle la comida después de también haber pasado todo el día trabajando en alguna fábrica. Igualmente sucedió en los Estados Unidos, cuando las mujeres negras se negaban a escuchar a las defensoras del movimiento de libertación de las mujeres porque ellas eran blancas. Estas mujeres negras continuaban apoyando a sus maridos negros a pesar de la explotación, simplemente porque las personas que intentaron concientizarlas sobre la explotación eran blancas. Gradualmente, entre tanto, una feminista burguesa consigue llegar a una esposa de obrero, así como en los Estados Unidos, hoy día ya hay algunas mujeres negras – muy pocas, lo reconozco – que dicen, “nosotras no queremos someternos a la opresión de nuestros hombres bajo el pretexto de que ellos son negros y que tenemos que luchar juntos contra los blancos. Eso no es motivo para que nos opriman, solo porque ellos son nuestros maridos negros”. Entre tanto, la lucha de clases, puede estimular y de hecho lo hace, y promueve la lucha de sexos de maneras bien concretas.

En los últimos años, por ejemplo, hubo muchas huelgas, aquí en Francia, en fábricas donde las obreras eran casi todas mujeres. Estoy pensando en la de la industria textil en Troyes, en el norte del país, o en la Nouvelles Galeries en Thionville, o la famosa huelga de Lip. En cada caso, las obreras no solamente adquirían una nueva conciencia como también pasaron a creer más en su poder, y esa actitud tocó el sistema machista que ellas vivenciaban en casa.

En la Lip, por ejemplo, las mujeres tomaron la fábrica y se negaron a evacuar el edificio a pesar de las amenazas de la policía de usar la fuerza para sacarlas. Al principio, los hombres se enorgullecieron mucho de sus mujeres militantes. Ellos llevaban comida, ayudaban a hacer carteles para los piquetes, etc. Pero cuando las mujeres decidieron ser totalmente iguales a los pocos hombres que también trabajaban en la Lip y que también participaban en la huelga, los problemas comenzaron a surgir. Los huelguistas decidieron organizar turnos para vigilar la fábrica e impedir que la policía invadiera. Eso significaba servicio nocturno. Oh, oh. Entonces, de repente, los maridos se incomodaron. “Ustedes pueden hacer huelgas y piquetes cuanto quieran,” dijeron, “pero solamente durante el día, de noche no. ¿Servicio de vigilancia nocturno? ¡Ah no! ¿Dormir en turnos en grandes cuartos colectivos? ¡Ah no!” Naturalmente, las obreras resistieron. Ellas habían luchado por igualdad, no iban a desistir ahora. Ellas se estaban comprometiendo con dos luchas: la de clases contra los patrones de la Lip, la policía, el gobierno, etc., por un lado; y la de sexos contra sus propios maridos, por el otro. Sindicalistas de la Lip contaron que las mujeres se transformaron completamente después de la huelga diciendo “una cosa que aprendí en esta lucha fue que nunca más voy a dejar que mi marido haga a veces de patrón en casa. Ahora estoy contra todos los patrones”.

Gerassi – Usted escribió que tuvo una vida buena y no se arrepiente de nada. ¿Sabía que hay muchas parejas que toman su vida con Sartre como modelo, especialmente en el sentido que ustedes no tenían celos uno del otro, que tenían una relación abierta y que resultó por 45 años?

Beauvoir – Pero es ridículo que nos usen de modelo. Las personas tienen que encontrar su propio estilo, su propia estructura. Sartre y yo tuvimos mucha suerte, pero nuestra educación también había sido muy singular, excepcional. Nos conocimos cuando éramos muy jóvenes. Él tenía 23 años, yo 20. Todavía no nos habíamos recibido, a pesar de que ya estábamos moldeados para ser intelectuales con motivaciones semejantes. Para nosotros, la literatura había sustituido la religión.

(…)A medida que mi relación con Sartre se profundizaba, me convencí que yo era insustituible en su vida, y él en la mía. Estábamos totalmente seguros de que nuestra relación también era muy sólida, nuevamente, predestinada, a pesar de que en la época no nos tomábamos en serio esa palabra. Cuando se confía tanto, es fácil no sentir celos. Pero claro que si yo hubiera pensado que otra mujer podía llegar a ocupar el mismo lugar que yo en la vida de Sartre, sí hubiera tenido celos.
Gerassi – ¿Usted está optimista? ¿Piensa que los cambios por los cuales está luchando se realizarán?


Beauvoir – No sé. De cualquier forma, no durante mi vida. Tal vez en cuatro generaciones. No sé respecto a la revolución. Pero los cambios por los cuales las mujeres están luchando, esos sí tengo certeza de que a largo plazo, las mujeres vencerán.

«La mujer que no quiere ser esclava del hombre, no huye de él en absoluto; mas bien trata de convertirlo en instrumento de su placer. En circunstancias favorables -que dependen en gran medida de su compañero- la idea misma de competición desaparece y se complace en vivir en su plenitud su condición de mujer como el hombre vive su condición de hombre».


No se nace mujer: se llega a serlo. Ningún destino biológico, psíquico, económico, define la imagen que reviste en el seno de la sociedad la hembra humana; el conjunto de la civilización elabora este producto intermedio entre el macho y el castrado que se suele calificar de femenino. Sólo la mediación ajena puede convertir un individuo en alteridad«.

Para saber más (….)

Fuente del texto: kaosenlared

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jueves, 26 de diciembre de 2019

Margarita de Angulema o de Navarra



Margarita de Angulema o de Navarra. La “Décima” Musa, La Cuarta Gracia. Angulema (Francia), 11.IV.1492 – Odos-en-Bigorre (Francia), 21.XII.1549. Reina de Navarra y escritora.

Era hija de Luisa de Saboya y de Carlos de Orleans, conde de Angulema, primo hermano del rey de Francia Luis XII, al que se consideraba como jefe de la familia. Por ello, cuando Carlos murió, se llevó a la Corte a su familia. Margarita y su hermano Francisco se educaron junto al Rey en Blois y en Amboise. Francisco casó con Claudia, hija única, del rey Luis XII.

Por tanto, cuando éste murió (1515), el trono pasó a Francisco, y Margarita se convirtió en una de las primeras damas de la Corte. Era dos años mayor que su hermano y tenían una estrecha relación, y su mayor edad hacía que Francisco siempre la tuviera en gran consideración.

Durante la primera época de su vida, en que residió en la Corte francesa, tuvo una importante actuación política de colaboración con su hermano Francisco I, al que apoyó incondicionalmente, además contribuyó a su formación cultural convirtiendo la Corte en un foco de ideas humanistas.

Margarita es un ejemplo de los ideales de la época, pues se dio en ella la paradoja propia del humanismo que, junto a una gran curiosidad intelectual, demostró una gran piedad y preocupación religiosa que mantuvo siempre, pero, al mismo tiempo, fue autora de una serie de cuentos libertinos recogidos en el Heptameron.

Margarita casó (1509) en primeras nupcias con Carlos, III duque de Alenzon y condestable de Francia.

Cuando enviudó, casó (1527) en segundas nupcias con el rey de Navarra Enrique Albret. Navarra había quedado reducida a un pequeño reino al Norte del Pirineo, tras la conquista del territorio navarro meridional por Fernando el Católico (1512), la nueva capital fue Saint-Jean-Pied-de-Port.

Pronto fue madre de una niña, la futura reina Juana Albret de Navarra, puesto que Margarita no logró que ningún otro hijo viviera. Juana casó con Antonio de Borbón, duque de Vendome, y fue madre del rey de Francia Enrique IV Borbón, el cual accedió a la Corona a la muerte sin sucesión de Enrique III (1607), alegando los derechos de su abuela Margarita de Angulema a la Corona francesa.

Su posición como hermana del Rey, junto con sus matrimonios, unidos a su inteligencia y buena formación, hicieron que tuviera un importante papel político en la Corte francesa. Cuando Francisco fue derrotado por el ejército de Carlos V y hecho prisionero en la batalla de Pavía (1525), se le trasladó a Madrid como prisionero.

Ella no dudó en viajar a esta ciudad para consolarle por su cautiverio y cuidarle en su enfermedad. Sobre todo, le proporcionó auxilios espirituales, ya que era una mujer creyente y piadosa, aunque con una religiosidad propia. Recorrió Cataluña en septiembre de 1525 y tras la mejoría de Francisco se trasladó a Toledo a negociar con Carlos V la libertad de su hermano.

La entrevista duró del 4 al 14 de octubre y Margarita logró su propósito. Tras su segunda boda, se trasladó a Navarra, donde residió, pero no por ello abandonó totalmente la Corte francesa y mantuvo gran influencia sobre su hermano Francisco y sobre su marido y no dejó de intervenir en los asuntos políticos.

Por ello, nunca fue bien considerada por la Corte española, en primer lugar, por su decidido apoyo a su hermano Francisco I, enemigo del emperador Carlos V y, después, por su boda con el rey de Navarra, que no mantenía tampoco buenas relaciones con la Monarquía hispana, por la reciente conquista de la Navarra meridional.

La intervención en la política del momento la hizo tomar partido en los conflictos religiosos que asolaban a Europa en aquellos años originados por el enfrentamiento entre católicos y reformistas. No obstante, su dedicación por la escritura fue prioritaria.

Era una mujer muy inteligente y desarrolló una gran formación cultural y puede considerarse como ejemplo de educación humanista para una princesa.

Desde los cuatro años, su madre, que era italiana y, por tanto, mucho más próximas a los principios renacentistas, se ocupó de su instrucción basándola en la lectura de los autores clásicos y las Sagradas Escrituras.

Llegó a conocer, además del francés, el italiano, que eran sus lenguas maternas, y el latín, el alemán, el hebreo, el griego y el español, que estudió. Y siempre tuvo una profunda preocupación teológica, aunque sus escritos no fueron todos sobre Teología.

Además, como la Corte navarra era muy proclive a los protestantes, pudo desarrollar más libremente sus ideas y dedicarse a su formación cultural, por lo que acabó protegiendo no sólo a los humanistas, sino también a los protestantes.

Mantuvo buenas relaciones con Calvino y Melachton. Se rodeó de personalidades del momento, como el erudito Robert Estienne y los escritores y poetas Bonaventura des Périers, Mellin de Saint Geldis y Marot. Rabelais debió de sentir admiración hacia ella, pues le dedicó una de sus obras.



Su dedicación intelectual la llevó a ser autora de varias obras, unas poéticas y otras de carácter filosófico y teológico. Los títulos más importantes son: Diálogo en forma de visión nocturna (1523), sus primeras poesías, El espejo del alma pecadora (1531), El Navío (1547), donde manifiesta su dolor por la muerte de su hermano Francisco, Margaritas de la Margarita de las Princesas (1547), donde está recogida la mayor parte de sus poemas, Misterio de Navidad, Últimas poesías de carácter religioso. También escribió una serie de comedias, algunas de carácter bíblico y otras profanas.

Su obra literaria tiene una importancia notable, pero no ha tenido gran difusión ni reconocimiento si exceptuamos el Heptameron (1558-1559).

Su consejero y director espiritual fue Guillaume Briçonnet, obispo de Meaux, en el que encontraba eco a su pensamiento religioso, y, junto con Jacques Lefèbvre d’Etaples, formaron el conocido como Cenáculo de Meaux.

Margarita consideraba y defendía que a través de la oración las almas llegaban a la unión con Dios y que las Sagradas Escrituras debían ser traducidas y leídas en francés, no en latín, para que todos los fieles las entendieran y pudieran interpretarlas.

Era contraria a cierta jerarquía eclesiástica y, en Meaux, participó en reuniones clandestinas en las que se discutía sobre teología y se denunciaba la degradación a la que había llegado el papado, incluso se quemaron indulgencias en la puerta de la catedral, lo que suponía una grave desviación y acercamiento al protestantismo.

Sus obras fueron cuestionadas desde el primer momento por su proximidad con las ideas luteranas. En el Diálogo (1523) defendía la teoría de que sólo con la gracia y la fe las almas podían justificar sus actos para conseguir la salvación, este principio es muy próximo a las ideas de Lutero.

Margarita pudo llevar a cabo esta política, gracias a la tolerancia de su hermano Francisco I en cuestiones religiosas, ya que además de la enemistad de Francia con el Imperio hispano, el Rey tenía cierta inclinación, en parte por influencia suya, a las ideas reformistas y puede afirmarse que ella favoreció la introducción del protestantismo en Francia, a pesar de que no comulgase totalmente con todas las ideas reformistas pues rechazada la idea de la predestinación que era fundamental en los movimientos luteranos.

Tras su boda con el rey de Navarra, con el que nunca tuvo buenas relaciones, pero sobre el que ejerció una influencia paralela a la que ejercía sobre su hermano, encontró una buena acogida a sus ideas en este reino, donde las ideas reformistas estaban muy extendidas. Pero cuando escribió un tratado espiritual de poesía teológica, denominado El espejo del alma pecadora (1531), la Facultad de Teología de la Sorbona no dudó en condenar la obra, a pesar de las presiones que recibieron por parte de la Corona.

En este texto expresaba su doble preocupación religiosa y cultural y causó tal escándalo que, incluso, se pensó incluirla en el Índice de libros prohibidos por el papado. No se llegó a este extremo por su posición e influencia, pero no se pudo impedir que el Colegio de Navarra, pues aquí era Reina, criticara duramente el escrito, sobre todo por haber osado una mujer disputar sobre herejías y fue condenada por sectaria y visionaria.

En los primeros tiempos del reinado de su hermano Francisco I, que frenaba los excesos de los católicos intransigentes franceses, tuvo una mayor libertad de actuación en la Corte. En los últimos tiempos del reinado de Francisco I, éste tuvo que acatar por motivos políticos los dictados de Roma, lo que dio lugar a que Margarita perdiese poder.

La situación se hizo más difícil para ella tras la muerte del Rey, que dio paso a un período de predominio de los defensores a ultranza del catolicismo y se inició una fuerte política represora contra las desviaciones reformistas. Como ejemplo de la intolerancia dominante, se llegó a la quema de herejes en la hoguera y, por tanto, los ideales de Margarita eran muy duramente cuestionados, pues aunque no abrazó el protestantismo, tampoco seguía fielmente la doctrina católica romana.

Ella se había construido una religiosidad propia, muy espiritual y de una gran unidad con la divinidad. En su poema “Prisiones de la Reina de Navarra”, narra el proceso seguido, gracias a la oración y las penitencias, para culminar el camino de ascensión mística hasta llegar al conocimiento de la divinidad. Es una obra de gran profundidad teológica, no estrictamente fiel con los principios católicos, pero que tampoco se puede encuadrar totalmente dentro de las ideas reformistas.

La postura religiosa de Margarita estaba mucho más relacionada con la corriente evangélica; esta corriente buscaba la confluencia de las doctrinas protestantes con las católicas para evitar de esta manera la separación dentro de la Iglesia cristiana. Además, Margarita tenía una fuerte influencia neoplatónica e iluminista, que la alejaba de la ortodoxia católica y la acercaba a los principios evangélicos.

El texto de mayor renombre de Margarita es conocido como Heptameron en el que se recopilan setenta y dos relatos, son cuentos breves, cómicos la mayoría, y profanos muy relacionados con los ideales renacentistas, sigue la moda literaria iniciada con el Decameron de Bocaccio. En esta obra se manifiesta otra faceta del pensamiento de Margarita menos profundo y trascendente que sus textos de teología y que demuestran una faceta humorística y muy vitalista, relacionada con el pensamiento burgués, que cuestiona de una forma festiva toda una serie de defectos y vicios de la sociedad.

Pensaba reunir cien cuentos contados durante diez días por otras tantas personas, que habían quedado aisladas por el desbordamiento de un río, pero murió cuando sólo habían llegado al séptimo día. No se sabe si este escrito fue elaborado a lo largo de la vida de Margarita, o si lo había hecho de joven y en los últimos tiempos de su vida lo estaba retocando. Se sabe que había encargado en 1531 la traducción al francés del Decamerón de Bocaccio a Antoine Le Maçon, que se publicó en 1545 dedicado a Margarita.

Es posible que en 1546 ya estuviera terminado, aunque la publicación no se hizo hasta 1558-1559. La obra tuvo un gran éxito sucediéndose las ediciones y gozando de una gran difusión, siendo traducida a los principales idiomas. En este texto no se siguen los preceptos de la moral cristiana, sino más bien los postulados del ideal burgués.

La crítica es ácida y divertida, sobre todo con respecto a los clérigos, sin duda son los frailes franciscanos quienes sufren de una forma más insistente las críticas y se les presenta como promiscuos, ávidos de riqueza y de una falsa piedad. Por el contrario, en otros cuentos aparecen clérigos ejemplares que se contraponen a los relajados.

En este texto, en realidad, también se pretende la reforma de la Iglesia en lo referente a la relajación de las costumbres, pero aquí lo hace de una forma divertida y mucho más asequible que en sus textos poéticos y teológicos, para, de esta forma, llegar a un público más numeroso.

Margarita de Angulema fue una mujer de su época, que compartió los ideales del humanismo y que pretendió vivir de acuerdo con ellos, por lo que se preocupó por el desarrollo cultural y por las cuestiones religiosas, y pretendió, ya que consideraba que su posición le autorizaba para ello, influir en la sociedad y modificar aquellos aspectos en los que no estaba de acuerdo. De ahí su gran preocupación religiosa y sus numerosos escritos en esta materia.

No tuvo ningún reparo en cuestionar aquello que no consideraba correcto, tanto en la práctica del catolicismo como dentro de las ideas reformadoras. Su posición como hermana del rey de Francia y esposa del rey de Navarra la facultaron para ello. Aunque ella sufrió críticas en vida, otra mujer que no hubiera gozado de su influencia hubiera sido duramente perseguida por su dedicación a la escritura y, sobre todo, por escribir sobre teología.

Aunque ha sido considerada por muchos como reformista, es más correcto considerarla como evangélica, ya que en sus escritos hay un reconocimiento de la religión católica y una defensa de muchas de sus prácticas y otro tanto hace con las ideas reformistas.

Asimismo, tampoco hay en ella un rechazo total hacia la Iglesia católica, como hacían los defensores de la reforma protestante, y tampoco una aceptación total hacia los nuevos principios. Lo cual demuestra su postura evangélica.

Su pasión por la literatura hizo que se la conociera como La Décima Musa y La Cuarta Gracia.

Obras de ~: Diálogo en forma de visión nocturna, 1523 (ed. Dialogue en forma de vision nocturne, Helsinki, 1983); El espejo del alma pecadora, 1531 (ed., intr. y notas de J. L. Allaire, München, W. Fink, 1972); Marguerites de la Marguerite des princesses, Lyon, 1547; Heptamerón, 1558-1559 (ed. y trad. de M.ª S. Arredondo, Madrid, Cátedra, 1991); Lettres de Marguerite d’Angoulême, Paris, 1641-1642; Oeuvres et nouvelles, Amsterdam, 1698; Oeuvres complètes, Paris, 1852 (ed. Estrasburgo- Nueva York, Heitz-G. E. Strechert & co., 1924); Les dernières poésies de Marguerite de Navarre [...], intr. de A. Lefranc, Paris, A. Colin & Cie., 1896; Théâtre Profane, Paris-Genève, 1978.

Fuente del texto: rah.es/biografías

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miércoles, 18 de diciembre de 2019

Rosalía de Castro

La gran poeta de las letras gallegas

La autora de «Follas novas» está considerada como la escritora gallega más universal.


POESÍAS/Rosalia_de_Castro.

Rosalía Rita de Castro y Abadía nació el 21 de febrero de 1837 en Santiago de Compostela (A Coruña). La mujer que sería la gran representante de las letras de Galicia y devolvería al gallego su carácter de lengua culta fue fruto de los amores clandestinos de Teresa de Castro y Abadía, de familia hidalga venida a menos, y el sacerdote de la iglesia de Santa María de Iria, José Martínez Viojo.

Temiendo la reacción de la gente por esas relaciones ilícitas, la madre optó por inscribir a la niña como hija de padres desconocidos y como tal Rosalía de Castro fue bautizada tres días más tarde, según recogió el acta del bautismo firmada por el cura José Vicente Varela y Mantero.

Criada, en sus primeros años, por una sirvienta

Rosalía se libró de ir al orfanato porque María Francisca Martínez, la fiel criada de Teresa, se hizo cargo de ella durante sus primeros años, pero, cuando la niña tenía 5 años, su madre se la llevó a Padrón para que estuviera con ella. En un registro del ayuntamiento del 17 de septiembre de 1842 constaba que Teresa de Castro, soltera; su hija y una criada vivían en esa localidad, en la casa de A Matanza (Padrón), conocida como Huerta de la Paz.

Niña enfermiza y delicada, vivió una infancia triste, como también lo sería su adolescencia. Su madre, preocupada por la fragilidad de la niña, decidió retrasar su ingreso en la escuela, ya que el colegio estaba en un edificio húmedo y frío.

Así que la pequeña se pasó horas y horas en su casa, contemplando la naturaleza, escuchando las trágicas historias del mar que explicaban los vecinos y observando el duro trabajo de los hombres y las mujeres del campo. Aprendiendo, en definitiva, a amar su tierra. Un sentimiento que le provocaría, cada vez que se alejaba, una morriña insoportable que tan bien reflejaría en sus poemas.

Finalmente, ingresó en la escuela, situada ante el cementerio de Santa María Adina, el lugar en el que, a la salida del colegio, correteaba con sus compañeros entre las tumbas del camposanto. Adina fue para Rosalía un paréntesis de luz entre el silencio y la tristeza que se vivía en su casa y la frialdad y la oscuridad de la escuela.

El destino le puso otra dura prueba cuando le diagnosticaron la enfermedad romántica por excelencia: tuberculosis. Una precaria salud la acompañó el resto de su vida. Uno de sus libros se lo dedicó a su médico, Maximino Teijeiro, y lo firmó como «su eterna enferma».

Rosalía de Castro escribió sus primeros versos a los 11 años y, a los 15, familiarizada como estaba con la pobreza y las penalidades de los pescadores y la gente del campo, hablaba en sus poemas de emigrantes y mujeres abandonadas.

En una ocasión, estando en Santiago, donde se trasladó con su madre en 1850, leyó algunos de sus versos en una fiesta del Liceo San Agustín. Aunque todos vieron el potencial de Rosalía como poeta, hay quien dice que en esos años flirteó con el teatro como actriz y que, como no lo hacía mal y estaba agobiada por la precariedad económica de su casa, estuvo a punto de irse a trabajar a Madrid.

Por suerte para la literatura, siguió escribiendo, aunque dejó Galicia para irse a la capital en 1855. Allí se instaló en la casa de una pariente, Josefa García-Lugín y Castro, en una planta baja de la calle Ballesta.

Rosalía en sus años de juventud.

Gran amiga de Gustavo Adolfo Bécquer

En Madrid, conoció a uno de los grandes poetas del país, Gustavo Adolfo Bécquer. Se hicieron amigos y juntos visitaron los cementerios de San Isidro y San Justo, que tanto le recordaron al de Adina. La relación de la gallega con el sevillano, que fue el primero en leer las poesías de la joven compostelana, llevó a algunos a pensar en un idilio, pero nada más lejos de la realidad.

En 1857, Rosalía publicó su primera obra, «La flor», que tuvo buena acogida entre los intelectuales gallegos. Uno de ellos fue el escritor e historiador Manuel Murguía, que le dedicó una crítica en la revista «Iberia» llena de elogios. Como también vivía en Madrid, pronto coincidió con ella gracias a un amigo común, Eduardo Chao. Murguía pasó de admirarla como poeta al amor y, pese a ser 18 años mayor que la escritora, poco después viajó a Padrón para pedirle su mano a su madre.

En 1858, Rosalía y Manuel se dieron el «sí, quiero» para alivio de la progenitora de la poeta, quien, como explica la biografía de Luisa Carnés, «Rosalía», respiró tranquila al constatar que «su hija tendrá esposo y sus hijos tendrán padre». Se cuenta que, antes de que Manuel llegara a su vida, Rosalía había vivido un amor de juventud en Padrón que acabó trágicamente.

En una de las fiestas de su pueblo, un muchacho se enamoró de ella y empezaron a salir, pero una noche, cuando otro joven la sacó a bailar, el primero, en un violento ataque de celos, lo mató y acabó cumpliendo condena en Ceuta.

Lo cierto es que no se sabe si esta trágica historia fue cierta o no, pero los estudiosos de la obra de la escritora aseguran que la joven no sólo trasladó a sus poemas el recuerdo de una gran pasión juvenil, sino que éste permaneció en su memoria durante toda su vida, incluso cuando ya estaba casada.

El matrimonio no fue fácil para ella, pues tuvo que alejarse muchas veces de Padrón y de Galicia para acompañar a su esposo por motivos de trabajo. La poeta residió en Santiago de Compostela, pero también en Madrid y en Simancas (Valladolid), donde Manuel fue director del Archivo General.


Allí escribió su obra más conocida, «Follas novas». Durante años apenas visitó Padrón y las cartas de su madre eran lo único que la animaban, pese a que ya tenía una hija, Alejandra, nacida en mayo de 1859.

Rosalía con su marido, Manuel, y cinco de sus siete hijos.

Destrozada por la muerte de su madre

En 1862, la escritora sufrió uno de los golpes más duros de su vida cuando su madre murió de forma repentina. Hundida, le dedicó un libro de poesía, «A mi madre», en el que queda reflejado el dolor que sintió por la pérdida de la mujer que lo dio todo por ella y a la que se sintió muy unida.

Tres años antes, en su primera novela, titulada «La hija del mar», también le rindió un cariñoso tributo cuando, en un fragmento de la obra, se refería a una niña huérfana diciendo: «Hija de un momento de perdición, su madre no tuvo siquiera para santificar su yerro, aquel amor con que una madre desdichada hace respetar su desgracia ante todas las miradas, desde las más púdicas hasta las más hipócritas».

Perdió a dos de los siete hijos que tuvo

De su matrimonio con Manuel Murguía tuvo, además de Alejandra, más hijos: Aura, en 1868; los gemelos Gala y Ovidio (1871); Amara (1873); Adriano, que nació en marzo de 1875 y falleció, por una caída, en noviembre del año siguiente sumiendo de nuevo a Rosalía en una gran depresión, y Valentina, que nació muerta en 1877.

Poco después empezó a manifestarse la enfermedad que acabaría con su vida: un cáncer de útero. Rosalía se recluyó en Padrón con su familia y, como explica Luisa Carnés en su biografía, «en las temporadas en que sus males parecen ceder, le gustaba huir de su enfermedad y entregarse totalmente al amor de sus hijos. Rodeada por ellos, se olvida de sí misma».

Mientras, su marido estaba pendiente de cualquier signo de dolor de su esposa: «Es demasiado pura, demasiado sensible para habitar este mundo», decía una y otra vez. Y cuando tenía que quedarse en Madrid, su hija Alejandra era la encargada de enviarle cada día noticias sobre su estado de salud. En aquellos años postreros, la autora también se refugió, como había hecho siempre, en la poesía.

En 1884 se publicó «En las orillas del Sar», su último libro, donde en cada verso aparece la idea del dolor y de la muerte. «¿Qué somos? ¿Qué es la muerte? La campana con sus ecos responde a mis gemidos...», o «abismo arriba, y en el fondo abismo: ¿qué es al fin lo que acaba y lo que queda?», escribió.

El 15 de julio de 1885, a los 48 años, Rosalía de Castro falleció en su casa de A Matanza. «Abre esa ventana, que quiero ver el mar», le dijo instantes antes a su hija delirando o, quizás, movida por el deseo de alcanzar el mar que tanto adoraba, el que iba a dejarla descansar, por fin para siempre.

El mar de su propia muerte. Fue enterrada en el cementerio de Adina, pero en 1895 su féretro fue trasladado al Panteón de los Gallegos Ilustres de la Iglesia compostelana de Santo Domingo, donde también está enterrado Alfonso Castelao, padre del nacionalismo gallego.


Rosalía viendo la vida pasar

Ésta es una de mis estatuas favoritas, porque refleja a la escritora romántica gallega Rosalía de Castro con un gesto muy entrañable. El monumento, construido en 1917, está situado en el Parque de la Alameda de Santiago de Compostela. Por aquí juegan los niños y pasean jóvenes y mayores. Si uno quiere huir del ajetreo del turismo en el casco viejo compostelano, es el lugar ideal.

La cara de Rosalía parece disfrutar viendo a la gente pasar, a los niños jugar, a las parejas cogidas de la mano y a las palomas yendo y viniendo del palomar que tiene justo delante. Viendo su cara, a uno le da la sensación de que el trasiego de los jardines le ha permitido encontrar el rastro de que echaba de menos en este poema publicado en «En las orillas del Sar», su último poemario, publicado un año antes de su muerte:

Hora tras hora, día tras día,
entre el cielo y la tierra que quedan
eternos vigías,
como torrente que se despeña,
pasa la vida.
Devolvedle a la flor su perfume
después de marchita;
de las ondas que besan la playa
y que una tras otra besándola expiran.
Recoged los rumores, las quejas,
y en planchas de bronce grabad su armonía.
Tiempos que fueron, llantos y risas,
negros tormentos, dulces mentiras,
¡ay!, ¿en dónde su rastro dejaron,
en dónde, alma mía?


Fuente del texto: pronto.es

¡Gracias por leerme!